
INFANCIA EN INDEFENSIÓN
Eduardo Bustelo Graffigna
2
“En el principio es el grito. Nosotros gritamos.
Cuando escribimos o cuando leemos, es fácil olvidar
que
en el principio no es el verbo sino el grito. Ante la
mutilación de vidas humanas provocada por el
capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror,
un
grito de rabia, un grito de
rechazo: ¡NO!” John Holloway
Introducción
Como todo campo3,
el de la infancia está compuesto por enfoques,
análisis, estudios y conceptos;
por la práctica que incluye un conjunto de acciones,
programas y políticas y finalmente, por una
amplia gama de actores intervinientes. Aún siendo un campo
que uno podría presumir “definido”,
es propenso a ambigüedades que ocultan relaciones
sociales de dominación lo que conduce a
imprecisiones que uno podría afirmar que no son “inocentes”.
Esta aseveración tiene aún más
fuerza dada la expansiva difusión mediática y la “preocupación”
pública que el tema de la
infancia cubre en la industria cultural.
En la dimensión temporal de la infancia y la
adolescencia pueden reconocerse como tres
instituciones que dejan “marca” en su desarrollo: la
familia, la escuela y los medios de
comunicación. Las dos primeras son las que
tradicionalmente han recibido más atención. En este
trabajo, pretendo concentrarme -aunque no
exclusivamente- en la forma más general e ideológica
de trasmisión de las diferentes relaciones de dominación que se establecen sobre la
infancia y la
aunque de una
“amplifican” los discursos
relaciones de dominio. Intento avanzar
que considero más relevantes y en la
en la protección de la infancia y la
Discuto asimismo
el estatuto de los derechos de niños/as y
el campo de la
infancia en el contexto de la lucha política. Por otro
importancia del Estado como un
espacio público significativo en la lucha política
por los derechos dadas las dificultades que la
infancia y la adolescencia tienen para auto
representarse como actores en un escenario democrático. Desde estas dimensiones,
procuraré
campo
1 En Diciembre
del año 2004 fui invitado por las autoridades de UNICEF a formar parte del
panel de
presentación del “ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005
en la ciudad de México y cuyo
sugestivo título era LA INFANCIA AMENZADA. A partir de
ese evento decidí realizar las reflexiones
que componen este trabajo. Deseo no “externalizarme”
de las afirmaciones de estas notas: así, no me
considero “el” sujeto emancipado que habla desde la
libertad ni me siento inmune ante el fetichismo del
consumo. No puedo engañar ni ocultar y presentarme
como un “Yo” sujeto sano en una “sociedad
enferma”; el “buen héroe” que batalla contra la “mala”
sociedad. El capitalismo nos impregna a todos en
diversas formas y el análisis que realizo no trata de
ser un análisis “iluminado” que “se eleva” por sobre el
combate sino simplemente, una modalidad –tal vez “menor”-
de inserción de la existencia en la lucha
política. Y también una afirmación de que tanto el
análisis como la reflexión son parte de la práctica
cotidiana por alcanzar la dignidad.
2 Director
Académico de la Maestría en Política y Planificación Social de la Facultad de
Ciencias Políticas
y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo.
3 Utilizo la
palabra campo en el sentido de Pierre Bourdieu y como será precisada más
adelante.
4 Infancia,
niñez, niños, niñas y adolescentes serán términos utilizados indistintamente
como todos los
menores de 18 años como lo define la Convención Internacional
de los Derechos del Niño.
La
biopolítica de la Infancia
La infancia y la adolescencia son identificables con
la vida como iniciación. La infancia es
nacimiento y epifanía. El filósofo italiano Giorgio
Agamben explica bien como los griegos no
tenían una sola palabra sino dos para denotar la vida.
Por un lado estaba la zoé que expresaba la
vida pura, el simple hecho de vivir, la nuda
vita (vida desnuda) como vida fuerza o vida
biológica y por otro lado el bios, la vida
relacional que implica el lenguaje, la política y la
ciudadanía. En el caso de la infancia uno podría
resumir la zoé en sobrevivencia y el bíos en la
ciudadanía y la política.
Foucault a su vez, ha planteado la palabra biopolítica
para analizar la relación del poder con el
cuerpo viviente y al mismo tiempo con la construcción
de subjetividad. La biopolítica define el
acceso a la vida y las formas de su permanencia y
asegura que esa permanencia se desarrolle
como una situación de dominación. En las instancias
iniciales de la vida, la bipolítica designa la
situación en donde la política suprime el bios para
despojar todo lo humano de los humanos
dejándolos sólo como zoé. Según Foucault, en la
antigüedad el hombre tenía una existencia
destinada a la vida política, en cambio esa relación
se invierte en la actualidad en donde la
política tiene como objeto al mismo ser viviente5. Foucault,
abandona así el enfoque clásico del
poder jurídico institucional, para pasar a
visualizarlo como el modo específico en que el poder
penetra en el cuerpo mismo de las personas, en su
subjetividad y en sus formas de vida. En un
principio se trataba de un poder de control externo
que generó la sociedad disciplinaria. Pero
también Foucault llegó a conceptualizar el paso de una
sociedad disciplinaria a una sociedad de
control en donde los mecanismos y dispositivos de
dominación se distribuyen y difunden más
sutilmente en la sociedad logrando que cada vez más
los ciudadanos internalicen las pautas y
códigos adecuados de integración o exclusión. El poder
se entreteje con dispositivos muy fuertes
que organizan la vida y el cerebro humano a través de
las poderosas máquinas de comunicación
social, de las redes informáticas y de una amplia gama
de sistemas de control. El poder se ejerce
ahora desde adentro justo cuando muchos creen que
desarrollan una subjetividad propia y
autónoma. En otras palabras: el biopoder define las
condiciones de ingreso en la fuerza laboral,
las relaciones de “filialidad” en la familia, controla
la individuación y la heteronomía en el
proceso educativo, sistematiza su incersion en el
mercado de consumo y regula su
comportamiento a través de la ley.
La infancia es la instancia de la inauguración de la
vida y en donde la aparición del biopoder
aparece en su forma paroxística. Y aquí podemos
distinguir dos niveles. Uno es propiamente la
vida sobreviviente, la zoé de niños y niñas y
está relacionada a la materialidad del existir, a su
mera sobrevivencia. Y lo que expresa esa situación es
la infancia en situación de pobreza6.
La Pobreza y
Los Niños/as y Adolescentes
Muchos y variados son los conceptos de pobreza y sus
dimensiones asociadas. La expansión
teórica y metodológica que ha tenido el concepto es
admirable y ha contribuido tanto a la
concomitante confusión de sus usos y desarrollos
programáticos, como a su incapacidad para
inspirar una práctica trasformadora ante una realidad
que, en el caso de niños/as y adolescentes,
resulta intolerable7.
Ahora bien, esta “producción” intelectual no es “cándida”
y precisamente por ello, la mayor parte
de ella tiene como objetivo ocultar aquello que “describe”.
Es que los discursos sobre la pobreza
llevan embutidos los argumentos que derivan en
acciones o modalidades de entender el problema
que no son conducentes a su superación. Como afirmaré,
existen en la biopolítica poderosos
dispositivos ideológicos que proceden a legitimar una
situación de dominación por medio de la
ocultación de la relación social primaria que la
expresa que en este caso, es la de los ricos sobre
los pobres.
5 Foucault, M.
Historia de la Sexualidad, Vol. 1. Página 173.
6 Incluyo aquí la
indigencia o lo que otros denominan pobreza absoluta.
7 Una muy buena
sistematización, análisis y discusión entre varios autores figura en las
compilaciones
hechas por Julio Boltvinik en Comercio Exterior,
Volumen 53, Nos 5 y 6 de mayo y junio del 2003,
México. Los artículos de Peter Townsend , Amartia Sen,
Jonathan Bradsahw , David Gordon y los propios
de Bolvinik son altamente recomendables. Más
recientemente, Minujin y Delamónica (2005) han
publicado un excelente trabajo sobre pobreza y los
niños en donde se analizan los conceptos, la medición y
las políticas. También puede consultarse el libro
compilado por Julio Boltvinik y Araceli Damián sobre La
Pobreza en México y el Mundo, Siglo XXI Editores,
México, 2004.
La pobreza de propuestas sobre la pobreza consiste
principalmente en “empobrecer”
su discurso focalizando el análisis sólo sobre los
pobres ignorando la dominación de los ricos. Y
es en esa tensión dominante-dominado en donde la
situación de pobreza de la infancia debe ser
entendida y localizada como relación social.
No pretendo aquí amplificar esta discusión con
argumentos que he dado hace bastante tiempo8.
La pobreza y la riqueza no son sólo una distribución
estadística. Esa relación tiene que ver
principalmente con la igualdad, esto es con el
entendimiento de que la pobreza se da al interior de
relaciones sociales asimétricas asociadas en última
instancia a la distribución del poder
económico y a las modalidades en que este influye y/o
determina la práctica política. Para una
política por y con la infancia también el centro de la
cuestión es el poder: esto es, si este puede
ser determinado en una dirección opuesta a la opresión
que genera la pobreza y /o puede
producirse un contrapoder que emancipe las víctimas de
su opresión. La cuestión de la infancia
pobre es entonces una cuestión biopolítica mayor. No
hay políticas para la infancia “fuera” de la
política que por lo tanto no pasen por la construcción
de relaciones sociales más simétricas. En
otras palabras, todo discurso que plantee la pobreza
por fuera de relaciones sociales de dominio y
sobre todo, como una situación que requiere “soluciones”
externas a la práctica política
concebida ésta como proceso colectivo emancipador,
está asociado directa o indirectamente a
ejercicios argumentativos para justificar el statu
quo. O digámoslo sin eufemismos: analizar el
hecho “social” del ser pobre o más particularmente, la
situación niño/a adolescente pobre, no
relacionándolos a los procesos económicos de
concentración de ingresos, riqueza y poder, es
como trabajar por su reproducción.
En el caso de los niños/as y adolescentes no hay más
que una simple y transparente constatación:
la mayoría de los niños son pobres y la mayoría de los
pobres son niños. Uno de cada dos
niños/as es pobre en el mundo. Ellos/as permanecen en
el mundo de la zoé. La desigualdad de las
relaciones sociales afecta profundamente la situación
de la infancia9. El análisis de los
determinantes de la pobreza de los niños y niñas es
por demás conocido. El impacto de sus
consecuencias de todo orden están ya sobre
argumentadas y nuestra responsabilidad como
adultos es moralmente inconmensurable.
Pero siguiendo mis argumentos, la cuestión no es sólo “analítica”
sino sobretodo biopolítica pues
hablamos de poder. Afirmo entonces que la cuestión
central en la relación pobreza-infancia es el
poder puesto que niños/as y adolescentes son por
autonomacia “los que no tienen poder”. La
biopolítica de la infancia consiste en mantenerla en
la zoé como sólo sobrevivencia e inhibir o
regular el desarrollo de la ciudadanía y su acceso a
la política. Aún más, deseo enfatizar que la
biopolítica implica la regulación de la vida pues en
esta instancia de la edad temprana, es donde
se define quien accede a ella, quien no y quien
permanece en ella “reglamentando” las
condiciones de esa permanencia. Y esto es lo que
trataré a continuación.
Tanatopolítica
La biopolítica puede ser pensada como la capacidad
regulatoria del poder sobre la vida pero
también como “tanatopolítica” o sea la negación de la
vida o la política de expansión de la
muerte. La mortandad de niños, niñas y adolescentes es
la forma más “silenciada” de la
tanatopolítica moderna. Denomino entonces forma
superior de biopolítica a la que se “aplica” a
las nuevas generaciones. En este caso, la muerte
masiva y cotidiana de 30.000 niños/as y
adolescentes por día, lo que aparece completamente “naturalizado”
y nadie podría ser condenado
por esta situación.
Es por esta razón que parangonando a Agamben10, existe desde
el inicio de la vida un “Niño
Sacer” cuya muerte sagrada y ofrendada ha sido
mostrada desde la antigüedad como gratitud o
generosidad a los dioses.
8 Consúltese
Bustelo, E. (2000) Pobreza Moral: Reflexiones sobre la política social amoral y
la utopía
posible. Capitulo VI.
9Minujin, A. y
Delamonica, E. (2004). ¡Mind the Gap! Widening Child Mortality Disparities. Journal of
Human Development, Volume 4 Number 3, November.
10 Agamben habla
del Homo Sacer que “es precisamente aquél a quien cualquiera puede matar sin
cometer
homicido” (paginas 243 y 244 del Homo Sacer). Los
llamados pobres, indigentes y “desechables” entran
en esta categoría ya que su muerte no tiene casi
ninguna consecuencia jurídica. Así es la nuda vida, la vida
“desnuda”, a la que cualquiera puede anular
impunemente y al mismo tiempo, ni siquiera puede ser
“condenada” de acuerdo a los rituales establecidos
Desde el derecho romano, la vida del niño/a ha sido
definida
parodojalmente como contrapartida de un poder que
puede eliminarla. Vitae necisque potestas
designa ya en el hecho de “nacer” la potestas del
padre de dar vida o muerte al hijo varón11.
También en un principio como explica Foucault, el
soberano que convocaba a la guerra
reclamaba la vida de sus súbditos: más que la vida
exigía la muerte como el derecho de dejar de
vivir. Esta situación adquiere hoy otras formas como
veremos pero todavía persiste una forma
tanática “moderna” que consiste en la naturalización
del horror de millones de niños/as y
adolescentes que mueren todos los años (10,6 millones)
en el silencio, en una muerte
verdaderamente “silenciada” y cuya responsabilidad
sospechosamente, no puede ser atribuida a
nadie.
Entran también como forma tanatopolítica, los niños/as
y adolescentes que son reclutados para ir
a la guerra, proceso de enrolamiento que comprende su
instrucción para matar. En la última
década más de 1,6 millones de niños han muerto en
conflictos armados. Y el número de niños
que han tenido que abandonar sus hogares debido a
conflictos y violaciones de derechos humanos
llega a más de 20 millones. Los mecanismos de
inducción al odio, a la demonización del “otro” y
la dinámica de intransigencia que se desata se asocian
al extermino12. En la dimensión de la
muerte, el biopoder de los que dominan no tiene dudas:
“se educa a poblaciones enteras para que
se maten mutuamente en nombre de la necesidad que
tienen de vivir” y también Foucault
lúcidamente expresa: “si el genocidio es por cierto el
sueño de los poderes modernos, ello no se
debe a un retorno, hoy, del viejo derecho de matar; se
debe a que el poder reside y ejerce en el
nivel de la vida, de la especie, de la raza y de los
fenómenos masivos de población”13.
Es un dato más que evidente que también los niños y
las niñas son las primeras víctimas de la
guerra. Desde 1990, se estima que el 90% de las
muertes relacionadas a conflictos armados en
todo el mundo han sido civiles y un 80% de las
víctimas han sido mujeres y niños. En el
lenguaje militar esto se denomina depravadamente “colateral
damage”14. Y a lo anterior debe
añadirse, las escuelas destruidas, los hospitales
dañados, los insumos escolares y en salud básica
inutilizados, y los sistemas de agua potable sin
funcionar.
Biopolítica y
Subjetividad
El segundo dispositivo de la biopolítica está
relacionado propiamente al bíos esto es, los
dispositivos destinados a la construcción de la
subjetividad puesto que se trata de controlar la
vida desde adentro mismo del sujeto. Es la sociedad de
control de la que hablamos anteriormente.
En el caso de la infancia y la adolescencia, esta
construcción abarca tanto la visión de los adultos
sobre los niños como la propia de los niños/as y
adolescentes y su relación con los adultos y el
mundo.
Deseo hacer aquí algunas precisiones conceptuales
puesto que, en el caso de la infancia y la
adolescencia, estamos muy lejos del “fin de las
ideologías”. Muy por el contrario, las
comunicaciones distorsionadas forman parte de los
mecanismos a través de los cuales el poder
sobre niños/as y adolescentes legitima un sistema de
dominación. Jürgen Habermas ha
puntualizado que la ideología desactiva la forma
comunicativa del lenguaje para servir a los
intereses del poder. Y si las formas de comunicación
son sistemáticamente distorsionadas se
producen dos cuestiones cruciales para entender su
vigencia en la lucha política: la apariencia de
normatividad y la imparcialidad. La normatividad hace
alusión a un “deber ser” cuyo “deber” se
impone como práctica discursiva de poder. En el caso
de la infancia y la adolescencia es un
“deber” despótico al que todo “se debe”. Es un deber,
sin apelativos, a los adultos. La
imparcialidad a su vez se refiere a su supuesto
carácter “objetivo”: coincidencia “pura” y plena
con una “realidad” ante la cual sólo cabe someterse.
En esas condiciones, la distorsión
sistemática de mensajes consigue abolir incluso las
propias dimensiones a través de las cuales
puede juzgarse su “deformación” y de ese modo volverse
invulnerable a la crítica.
11 Véase Agamben,
Medios sin fin. pagina 14.
12 Recordemos que
en Rwanda en sólo 90 días fueron muertos más de 300 mil niños en 1990.
13 Foucault,
Historia de la Sexualidad. Vol 1, páginas 165 y 166
14 Muchos niños
no mueren pero sufren otros padecimientos como quedar huérfanos, tener
mutilaciones y
padecer todo tipo de complicaciones sicosociales
debido a la exposición directa a la violencia, al rapto, al
desplazamiento, el abandono y la perdida de sus seres
queridos. Según la OIT, 12 millones de personas
están bajo el régimen de trabajo “forzado” en el mundo
la mayoría de ellos niños y niñas.
La ideología que puede ser expresada en la forma de un
discurso, de una política o de un programa
alcanza así su máxima potencia al invalidar su
exterioridad. Como lo ha explicado Terry Eagleton la
ideología llega a su punto máximo de eficacia cuando
niega la posibilidad de un “afuera”15.
Pero la ideología también esta relacionada al sujeto
pues penetra en el desarrollo mismo de la
subjetividad: es una estructura que se impone sin
pasar necesariamente por la conciencia16. Es por
esto que Bourdieu piensa en el concepto de
habitus17 con lo que
designa la inculcación en
hombres y mujeres de un conjunto de disposiciones
duraderas que generan lo que domina
“inconciente cultural”. Se “naturaliza” así un orden
social por
medio de estructuras objetivas y subjetivas.
Particularmente agudas son sus observaciones de
cómo opera una ideología en términos de “campos”18. Estos son
sistemas de relaciones sociales
que funcionan respecto a un área en donde se compite
por lo mismo y que funcionan con su
propia lógica interna. En los campos y
particularmente en el de la infancia, se juega el máximo de
dominio cuando los agentes que detentan el poder se
legitiman con un discurso distorsionado que
otorga “legitimidad” a los participantes dóciles y al
mismo tiempo, consiguen dejar de ser
reconocidos como lo que son: esto es poder y
dominación.
15 Este aspecto
es de una efectividad impresionante. Por ejemplo, es altamente probable que las
críticas
como las de este trabajo serán tratadas como
impiadosas o “desalmadas” y caracterizadas como carentes de
objetividad. La crítica queda entonces “externalizada”,
los argumentos que quedan “de lado interior”
legitimados y la visión del campo que impone el
biopoder se hace aparentemente inviolable.
16 El poder
mediático que determina en la mayoría de los casos las “prioridades” políticas
de la democracia
representativa hace crecientemente imposible a su vez,
diferenciar entre tecnologías políticas y tecnologías
para la construcción de la subjetividad. Ellas son
siempre políticas.
17 Bourdieu, P.
(1997). Páginas 129 y 130.
18 Ibidem. Página
49.
RECUADRO No 1
SILLA ELÉCTRICA PARA QUE “JUEGUEN” LOS NIÑOS

En un shoping de la ciudad de Rosario en Argentina
(que puede significar “muchos lugares en
el mundo”), se instaló en un patio de juegos
infantiles una silla eléctrica para que “jueguen” los
niños. La silla era una emulación de la que se utiliza
para ejecutar a los condenados a muerte.
Se manejan microvoltages para “recrear” la horrorosa
situación previa a la instancia final que
clausura la vida.
El empresario que la instaló, declaró que era como
cualquier juego; que él “no veía” la
diferencia con otros “entretenimientos” infantiles y
que los padres traían a los hijos
“libremente” para que jueguen con este instrumento
macabro. Esta situación, tiene muchos
ángulos para reflexionar que son apropiados a los
puntos que trato en este trabajo.
La silla puede ser tomada como la metáfora tradicional
del castigo biopolítico definitivo que
aguarda a la infancia si no se siguen las normas
aceptadas. La vida sagrada puede ser dada y
puede ser quitada y el “matarás” forma parte de la ley
desde la infancia temprana.
A su vez, la silla puede ser tomada como la
simbolización del orden disciplinario del que
representa la instancia final máxima mostrada a los
niños como “juego”. El mensaje se
naturaliza pues el empresario no “ve la diferencia” ni
tampoco los padres parecen captar el
mensaje implícito de la “ley” que le espera a sus
hijos. El instrumento se ofrece al
entretenimiento con toda su “inocencia”.
Como lo ha expresado Foucault en VIGILAR Y CASTIGAR “se
trata de reincorporar las
técnicas punitivas –bien se apoderen del cuerpo en el
ritual de los suplicios, bien se dirijan al
alma- a la historia de ese cuerpo político”. Y sugería
que las prácticas penales sean
consideradas menos como una consecuencia de la teorías
jurídicas que como un capítulo de la
anatomía de la política. La silla en su carácter “inofensivo”
e “inocente” es una ilustración del
Estado de Indefensión: todos podemos defender los “derechos”
de los niños/as pero al final, la
metáfora “electrizante” nos enseña que ni la tortura,
ni el sufrimiento y la muerte podrían ser
descartados en el proyecto de una humanidad
inconclusa.
En el campo de la infancia, estas prácticas
discursivas distorsionadas y manipulatorias se han
constituido en un orden “natural” en donde los
factores de poder conocen que es en el “tiempo”
de la infancia donde se inicia el proceso constructivo
de su situación de dominio y en donde el
ocultamiento de la relación de domino se hace más
evanescente. Como afirmé, se cumple en este
campo como
quizás en ningún otro, aquel primado que establece que una relación de
dominación
para ser efectiva debe permanecer oculta.
Funciona así como una inmensa máquina de captación
incautos o de “lavar” conciencias o como
un “analgésico” de amplio espectro para aquellos que
sinceramente se comprometen y creen
hacer “el” bien.
Pero también en el campo de la infancia existen
rivalidades y luchas para obtener poder
simbólico y prestigio entre diferentes grupos,
organismos civiles, religiosos, sindicales,
organizaciones sectoriales y empresas comerciales. Lo
anterior implica que al interior del campo
como manifiesta Foucault, existe una microfísica del
poder y analizarla sería como descubrir la
anatomía del mismo. “Se trataría en él del cuerpo
político como conjunto de los elementos
materiales y las técnicas que sirven de armas, de relevos, de vías de comunicación y de puntos
de
haciendo de ellos unos objetos del saber”19.
Ampliando podemos afirmar, que el poder que se ejerce
en este campo más que ser una
propiedad o un atributo, es una estrategia de
dominación y está compuesto de tácticas,
subterfugios, tergiversaciones conceptuales, manipulaciones y de dispositivos que se
aplican no
invade, pasa por ellos y
de la infancia y la adolescencia
Hechas estas reflexiones, veamos ahora con más
detenimiento los dos enfoques que considero
hegemónicos respecto a la relación social que
involucra a niños/as y adolescentes. Digamos
desde el inicio, que ambos no son excluyentes sino
funcionalmente complementarios.
La Compasión
El primer enfoque prevaleciente respecto de los niños
es ciertamente el basado en la compasión.
Siendo seres indefensos e inocentes son moralmente no
imputables. Entonces: ¿Cómo no
movilizar los sentimientos, cómo no ayudar, cómo no
entregarse a su “causa”, cómo no
asemejarse a los niños/as? Los medios de comunicación
masiva abusan en la presentación de este
discurso mediante la promoción de situaciones de ayuda
social “meritoria” y personas
“ejemplares” con avisos y campañas publicitarias.
También se apela a temas que crean escenarios
de expectación perversa mostrando situaciones y casos
límite de abuso, trata y explotación de
niños/as y adolescentes. Esta “exageración” está
intencionalmente presentada más allá de la
situación “objetiva” de esos niños/as oprimidos puesto
que se “produce” este ambiente
mediáticamente enervante con el propósito principal de
vender espacios publicitarios.
Igualmente, esta estimulación se presume que está
directamente asociada a la sensibilización de
la población que es la base de la construcción de un
contexto “compasivo” (Ver Recuadro No.2).
Aunque se apela al niño/a pobre, lo fascinante es como
se evade el problema de la redistribución
de los ingresos y la riqueza que es la “base” de la
explicación de la infancia pobre: se plantea que
lo que les sobra a unos es exactamente lo que
necesitan otros y que por lo tanto, sería sólo
suficiente poner en contacto al donante y al
necesitado. Dar lo que “sobra” implica además
soslayar la relación de dominación en que se hallan
inmersos los niños/as pobres pretendiendo
que hay una solución que se deriva por un lado, de un
compromiso individual al que se le
atribuye la solidaridad (benefactor) y de otro lado, a
la aceptación pasiva de una “generosidad”
que anularía la dominación.
19 Foucault, M.
Vigilar y Castigar pagina 35 y siguientes.
RECUADRO No.2
(*)
EL “BUEN”
SAMARITANO
La publicidad social de las organizaciones sociales
del stablishment, del Banco Mundial y
más particularmente de las empresas con “responsabilidad”
social, usa a personas ejemplares
y a su compromiso con niños/as y adolescentes. Pero
mediante este artilugio se “invierte” la
significación de ejemplaridad y se pretende “demostrar”
un camino cuyo sentido invoca en
primer lugar, que los temas asociados a la lucha
contra la pobreza y la igualdad son un
compromiso personal y que nada tienen que ver con la emancipación de relaciones
sociales
una
“solidaridad” egoística. Y además, socialmente “no
cuesta nada”: se trata solamente de “dar
una mano”. En segundo lugar, en esta lucha nada tiene
que ver lo público-estatal sino que
implicaría simplemente un compromiso que queda
encapsulado en el ámbito privado. Y
mejor si este compromiso es “voluntario” esto es,
enraizado en las actitudes cotidianas de
todas las personas durante todos los días. ¡Así de
simple!
En tercer lugar, la “amoralidad” de la publicidad
disfraza una intención legitimatoria que
busca hacer aparecer como idénticos la “bondad” del
capital y las organizaciones sociales que
lo representan, con el compromiso respetable y sincero
de una mujer con la causa de los
niños/as y adolescentes. Este testimonio personal
podría por supuesto ser cuestionado, pero en
ningún caso banalizado.

(*) Publicidad aparecida en múltiples medios de
comunicación nacionales y provinciales.
Véase como ejemplo, Revista Noticias, Año XXI,
No.1339, 24 de agosto del 2002. Buenos
Aires. Argentina
Generosidad que coincide con gratuidad ya que,
eliminar la pobreza depende sólo de un gesto,
apenas una actitud que en el fondo “no cuesta nada”20. El supuesto “no
costo” a su vez está
pensado por un lado, como contrapartida a lo “costoso”
y corrupto de las políticas estatales y por
otro lado, al voluntariado social al que se le asocian
las características de seriedad, generosidad y
altruismo21.
Digamos que los sentimientos son imprescindibles pero
ciertamente no suficientes. Una cosa es
“con-padecer” y otra es esparcir gas lacrimógeno para
neutralizar una conducta pro-activa por
una efectiva implementación de los derechos de la
infancia. Asimismo afirmo que el
paternalismo/maternalismo reproduce una relación “protectora”
descaradamente asimétrica. El
que protege, es dueño del poder y la voluntad sobre “el
desprotegido”. Además, no es una
relación que “hace” el bien o que busca hacer el bien
en el otro sino principalmente que “me hace
bien” en el sentido de una actitud narcísica22. No provoca
creciente autonomía como fuente para
la expansión de una subjetividad responsable, origen
de ciudadanía. Y fundamentalmente, porque
el problema no es de índole particular y no se
resuelve desde un compromiso personal con un niño o un
proyecto, sino en un espacio colectivo construido como
política pública. La dependencia y la
cautividad de los niños de una relación de “padrinazgo”
los hace víctimas del despotismo de la
benevolencia.23 Y cuando con este enfoque se responde con programas
del sector público se
promueve una ciudadanía “tutelada” que termina bajo
los argumentos del amparo, en la
criminalización, opresión y represión de los niños,
niñas y adolescentes
El enfoque “compasivo” tiene además -en su evocación
de una supuesta “responsabilidad social”-
una práctica recaudatoria. En realidad se promueve la
sensibilización presentando situaciones
límite, en donde movilizar sentimientos, tiene también
como objetivo promover donaciones
(pecuniarias, en bienes o en tiempo del “donante”). Y
la donación da “prestigio”. Más perversa y
tergiversada en su fingida intencionalidad es la
organización de shows benéficos, rifas o “cenas”
recaudatorias en donde los dueños del poder además de
disfrutar y “pasar un buen momento”
recaudan dinero para los niños y niñas pobres24. La crónica
mediática es explícita en presentar
una riqueza obscena como espectáculo que “divierte
para beneficiar” a los niños. En este sentido,
el discurso no tiene ninguna pretensión de distorsión
comunicativa: los niños son un motivo más
para mostrar la riqueza y la pertenencia a los
círculos distintivos del poder.
El problema comienza cuando el niño/a entra en “conflicto
con la ley”. Allí es donde naufraga
este enfoque ya que “convierte” la compasión en feroz
represión: el poder termina impiadosamente
imponiéndose a
los que no tienen poder
20 Es
impresionante el surgimiento de redes de solidaridad, proyectos y fundaciones
solidarias y hasta los
más audaces que anuncian el advenimiento de una “revolución”
solidaria. Todas estas fundaciones tienen
en general, un sitio web en donde anuncian sus
propósitos. Son muy ilustrativas aquellas en donde “la
protección” que dan está arancelada. Por ejemplo: 1
niño U$S 30 por mes; 1 niño HIV positivo U$S35 por
mes; una familia pobre U$S40. Véase
Sponsor a Child Today!!! www.WorldVision.org. En los
aspectos “conceptuales”, se han producido
muchas publicaciones sobre la “solidaridad” algunas de
una insustancialidad supina como el libro de
Pacho O`Donnell (2001) u otras, que parecen sugerir
como Marcos Aguinis (2001), un verdadero
despropósito como creer que la “salida” de Argentina
está en el voluntariado!
21 El tema del
voluntariado como práctica social ha sido bien estudiado desde hace mucho tiempo
(recuérdense los análisis de Marcel Mauss sobre la
economía del “don”) y su fundamento “generoso” y
altruista ha sido seriamente cuestionado. Véase
Bourdieu, P. (1997), capítulo 6 dedicado a la economía de
los bienes simbólicos. Con respecto al voluntariado
católico al que también muchos cuestionan su
“entrega” y generosidad, consúltese en el mismo texto “La
Risa de los Obispos”, páginas 186 a 198, en
donde el autor se explaya sobre lo que denomina la
economía de la “ofrenda”.
22 Sugiero
consultar aquí una obra señera y pionera que describe y explica el narcisismo
en la cultura
moderna: Lasch, Christofer (1999). Este autor sugiere
que participar en una ONG donando tiempo libre
para “purificar” la conciencia y sentirse “bien”, es
equivalente para muchos a concurrir a un gimnasio para
mantener el cuerpo sano y bello. Allí después del
esfuerzo, uno también se siente “bien”.
23 Por añadidura,
hay frecuentes ejemplos de abuso flagrante de niños/as y adolescentes por parte
de sus
“benévolos” protectores.
24 Hay una “rentabilidad”
de estos eventos que tienen como una escala en donde casi siempre tiene
primacía la “dis-capacidad pues es lo más convocante y
en principio menos sospechoso. Aunque el
marketing de estos espectáculos puede “convertir” en
importante cualquier banalidad.
El despotismo se hace explícito pues el “niño-amenaza”
debe ser sometido y a estos efectos,
considerado “adulto”. En el momento de la “internación”, que coincide con la abolición efectiva de
la
subjetividad que ahora se considera “autónoma y
plenamente responsable”. La relación se
“invierte”: de “protegido” se pasa a ser responsable y los “protectores” se convierten así
en la
La soberanía de esta relación de dominio termina
finalmente expresándose en el poder de policía.
No sólo en la institución policial, sino también en los mecanismos de control y de poder
que
adolescentes
De este modo, puede
paulatino
deslizamiento
proclama sin eufemismos
La “Inversión”
El segundo enfoque prevaleciente es el de la infancia
y la adolescencia como inversión
económica que produce una determinada rentabilidad. Se
trata de una colonización conceptual
del lenguaje expansivo de la economía profusamente
propagada por los Bancos Internacionales.
Esta es la versión utilitarista e individualista más pérfida:
es conveniente en términos económicos
“invertir en capital “humano” una paradoja para la más
inhumana de todas las lógicas opresivas:
la lógica del capital que ahora se hace “humana”.
Educar a un niño me conviene y nos conviene
aunque no sabemos si a ellos “les conviene” puesto que
no conocemos de qué “educación” se
trata. Y esta conveniencia, es una conveniencia
económica que en términos monetarios se mide
como “tasa de retorno”. Con este argumento, que
implica la introducción de la razón utilitaria por
sobre los derechos, se pretende convencer al poder
(los bancos codiciosos, los empresarios
corruptos y los gobernantes ineptos) que los niños son
buenos para la lógica de la ganancia. Así
tenemos hoy los bancos y las grandes corporaciones “trabajando”
y haciendo promociónes por
los niños. Mercantilización de la infancia es así
negocio para las ahora “buenas” empresas y los
bancos que mejoran así su “imagen” institucional25.
Igualmente, la lógica de la ganancia argumenta que la
inversión en educación determina a
mediano plazo determina el crecimiento económico y que
éste derrama generosamente y
equitativamente sus beneficios. Y si esto no alcanza a
los niños/as para ello existen “redes de
seguridad” o “redes de contención” o “solidaridad
privatizada” un eufemismo para calificar el
camino de la no inclusión. O el voluntariado como una
modalidad para expresar
inescrupulosamente el carácter gratuito de los
servicios de bienestar infantil.
De nuevo, el problema “realmente” aparece cuando los
niños/as y adolescentes se salen del
“guión” y entonces el enfoque los convierte
rápidamente en “costos”; son costos ahora sí en
seguridad que la sociedad tiene que pagar. Sólo cuando
el niño/a se hace “delincuente” se
convierte en un problema o preocupación pública. Los
temas inversión y seguridad están
íntimamente conectados en la lógica de esta
argumentación ya que, la “supuesta” inversión
significaría en realidad el pago por la seguridad de
no ser agredidos por los niños y adolescentes
en un próximo futuro.
En otras palabras: la versión “soft” de este enfoque
afirma que la inversión en la infancia se
conecta con la posibilidad de crecimiento vía el
aumento de la productividad que se desprende de
mayores niveles de educación. Este sería además el
único camino admitido de la inclusión y la
movilidad social. En la versión “hard”,
sorpresivamente “la inversión se invierte” presentando la
infancia desde el miedo o la amenaza potencial ya que,
si no se “invierte” en la infancia, ellos
terminarán en una situación de “incontención” o
desborde lo que será un atentado a mediano
plazo a la propia seguridad individual.
25 Los Bancos
internacionales y los Fondos de Inversión también utilizan frecuentemente la
imagen de
niños y niñas incentivando a los padres a efectuar “ahorros”
en el presente para poder darles a “sus” hijos
un futuro mejor. En ese contexto, colocan al niño “dentro
de la familia” y ocultan en ese apelativo sus
verdaderas “ganancias”. El Banco Mundial utiliza en su
publicidad programas de inmunización para niños
o programas alimentarios en donde uno puede llegar a
creer que es un verdadero “titán” en la lucha contra
la pobreza y la defensa de los débiles. Lo que no se
aclara es que, esos programas o se financian como
créditos que los países devuelven con intereses más la
correspondiente tasa de “riesgo país” o, son
“premios” concesionales por haber realizado programas
de ajuste económico aceptando con obediencia las
“condicionalidades” que el Banco Mundial y el FMI
imponen y que generalmente implican restricciones
fiscales y monetarias con impactos socialmente
regresivos.
Además, no “invertir” ahora significa incurrir a
mediano
sociedad. En
ambos casos, la conclusión es predecible: los
en la ferocidad de la
represión de sus derechos.
Antecedentes de esta actitud pueden ser encontradas en
el movimiento “salvadores del niño” en
USA en el Siglo XIX descriptas en el excelente y
pionero trabajo de Anthony Platt. El término
“salvadores del niño” se ha utilizado para denominar a
un grupo de “reformadores sociales
desinteresados que veían su causa como caso de
conciencia y moral y no favorecían a ninguna
clase ni ningún interés político particular”. Se
definían como altruistas y humanitarios y “su
interés en la pureza, la salvación, la inocencia,
la corrupción y la protección reflejaba una fe
firme en la rectitud de su misión”26. Sin embargo,
ellos fueron los precursores de la asociación
del niño con la criminalidad y de tratarlos como un
grupo social diferente y peligroso y en su
actuar, siempre terminaron imponiendo “sus
concepciones de clase y elitistas”. El mencionado
estudio concluye que dicho movimiento nunca fue una empresa humanitaria para ayudar
a los
que se trataba de
contribuyeron a crear nuevas formas de
defender sus privilegios27. Los “salvadores del niño”fueron los que terminaron
inventando la delincuencia.
Pero lo que es realmente una paradoja entre tantas en
este campo es que, la distorsión
comunicativa pretende hacer “actuar” a los detentores
del poder y el stablishment económico (los
bancos; las grandes empresas; las compañías
multimedios; etc) en favor de la infancia bajo la
idea de “responsabilidad social”. Todos tienen que
hacer algo y forma parte de los “nuevos”
enfoques del management que estimulan la vida ejemplar
de los CEOs (Chief Executive Officer)
a dedicar tiempo, esfuerzo y contribuciones económicas para ayudar a la infancia.
El capital y su
como “responsable” lo que
que es pagar impuestos y cumplir con
acompañamiento de
una política pública. Aparece como
rapacidad insaciable y al
presentarse como “generoso” encubre las
objetivas en donde basa su poder
opresivo (ver Recuadro No.3).
La Infancia y
los Derechos
Considero ahora la principal fuente legitimadora de la
protección de la infancia que es la
Convención Internacional de los Derechos del Niño
(CIDN). Este es el instrumento político y
jurídico más importante que supuestamente regula el
campo de la infancia y la adolescencia. Ha
sido llamado “la primera” ley de la Humanidad ya que
es el tratado internacional que más
ratificaciones ha tenido a lo largo de la historia28. Su relevancia
pedagógica ha sido y es
fundamental como lo explica Gómes da Costa29. Su
importancia política, jurídica y programática
es incuestionable. Sus debilidades también.
26 Platt, A.
(2001). Página 31.
27 Como ejemplo,
Platt comenta la lucha por la abolición del trabajo infantil entre los
industriales de clase
alta de Nueva York, que era vista como un medio para
excluir a los comerciantes marginales y los
trabajadores a domicilio, aumentando así la
consolidación del poderío de sus negocios. Página 22.
28 Esta expresión
fue formulada por el Sr. James P. Grant entonces Secretario Ejecutivo de
UNICEF. El Sr.
Grant fue un luchador ejemplar y militante comprometido
con la causa de los niños/as y adolescentes en el
mundo y el principal artífice político del Convención.
29 Ver Gomes da Costa,
A.C.(1998).
Recuadro No.3
“YUPPISMO
SOCIAL” o CIUDADANÍA
Una nueva forma de legitimación del capitalismo
pareciera que pasa por mostrar la emergencia de
un moderno empresariado preocupado con los temas
sociales. Esa “preocupación” mostraría un
compromiso real con la sociedad y sus problemas.
Aunque continúan haciendo la clásica filantropía, los
empresarios contratan ahora profesionales y
“arman” equipos que estudian y proponen soluciones
concretas para los problemas sociales desde
un punto de vista “objetivo”. Aparecen así jóvenes
profesionales, preferentemente de apariencia
atlético-deportiva, y empresarios innovativos ahora
también “voluntarios” de acciones sociales.
Modernos ejecutivos especializados (CEOs) en “gerencia
social” y preparados para transformar un
aparato público anquilosado y carente de transparencia
con las novedosas técnicas “eficientes” de la
gestión privada.
Pero nada de lo anterior esta exento de la intención
expresa de construcción de poder y de dominio,
sea comercial o político. Así no se puede ignorar la
creciente aparición de “empresarios”
(eufemismo para decir “hombres/mujeres de negocios,
muchos de ellos sin empresas) que se hacen
ahora “visibles” en la política, ni mucho menos,
operativos de “social marketing” para hacer un
verdadero “lifting” de las empresas presentándolas
ahora con un “rostro” bueno y socialmente
comprometido. En este contexto, es significativo
recordar que paradojalmente, fue un empresario
quien primero estudió y midió la pobreza. Su nombre
fue Charles Booth y perteneció a la tercera
generación de una familia de exportadores de
Liverpool. Fundó la compañía naviera The Booth
Steamship Company con la que fue tremendamente
exitoso.
Simultáneamente a su actividad empresaria, Booth
emprendió un estudio en donde por primera vez
se midió la pobreza y que concluyó en un libro
publicado en 1902: La Vida y el Trabajo de la
Gente de la Ciudad de Londres que comprendió 17 volúmenes. Se le atribuye haber
inventado el
concepto “línea de pobreza” metáfora que tomó
observando los barcos de su firma: la línea que
marcaba en el casco de la nave, el nivel de sumersión
de la misma. Pero Booth pensaba que la
pobreza no era sólo la cuestión de su medición y
estudio.
Su compromiso social no era algo qué practicaba “afuera” de su empresa sino que
comenzaba con la
Booth estableció un plan de
compartir las ganancias de la compañía y
especialmente en los períodos de recesión para
pagaban una
alta tasa de interés y se acreditaban cuando el
Booth se adelantó por varios
años en la idea de que la ética empresarial era
una responsabilidad social y pública.
Tampoco su compromiso social era una cuestión
meramente empresaria sino también, una ética
personal. Así Booth calculó que le hacia falta para
vivir - tanto a él como a su familia- 1000 libras
por mes en tanto que ganaba 2000. Analizó que gastaba
en alimentación 150 libras pero como creía
que los trabajadores estaban mal pagos por lo menos en
un 50%, consideraba que tenía que
“devolver” de algún modo 75 libras. Igualmente,
examinando otros rubros de su consumo familiar
encontró un “excedente de explotación” equivalente a
500 libras que entregaba a los que
necesitaban, simplemente “para que la humanidad
volviese a ser lo que tenía que ser”.
El estudio que realizó sobre la pobreza y del cual él
mismo escribió 8 volúmenes, demoró 17 años
pero no por ello abandonó sus actividades
empresariales: escribía a la noche, en los fines de semana,
durante sus viajes a Europa continental y USA. Tampoco
pagaba a otros para que levantasen los
datos de su estudio. Aunque tenía ayudantes, él mismo
convivía en la casa de las familias pobres
estudiando su vida y sus hábitos. Llegaba a pasar
semanas completas viviendo en los barrios más
pobres de la ciudad de Londres. Presentando los
resultados de su trabajo cuantitativo y cualitativo
en la Real Academia Estadística de Londres afirmó que “en la vivencia con los pobres....y no en
la
Booth no organizó ninguna Fundación para su empresa,
ni financió museos artísticos para que los