El guerrero de la luz

 


En un extraordinario y valioso documento generado por el diario Clarín, de Argentina, con motivo de la muerte de Su Santidad Juan Pablo II, se desarrollan los siguientes temas que podrás encontrar aquí a continuación de estos títulos enunciados.

 

PRIMER PAPA NO ITALIANO EN 455 AÑOS
Karol Wojtyla, el orgullo polaco en el Vaticano
El espíritu de su patria, la más católica de los países eslavos, marcó a fondo su pontificado. Durante 26 años de reinado exaltó su acción misionera, combatió el comunismo y realizó más de cien viajes alrededor del mundo. Aplicó el puño disciplinario a quienes consideró que se apartaban de la ortodoxia.
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EL VATICANO Y SU PODER POLITICO
Un moderno cruzado en lucha contra los regímenes comunistas

Fue su objetivo político durante los años 80. Con un viaje a Varsovia en 1979 aceleró la debacle del gobierno polaco. Tras la caída del Muro, criticó al "capitalismo salvaje" y se opuso a la guerra en Irak.
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DOS DISPAROS QUE CONMOCIONARON AL MUNDO
El atentado de Alí Agca
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LOS VIAJES DEL PAPA
Recorrió un millón de kilómetros durante más de un cuarto de siglo
Sus giras por los 5 continentes fueron la característica más espectacular de su pontificado. Viajó más que todos sus predecesores juntos. Y congregó multitudes como ninguna otra personalidad mundial.
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EL CONCLAVE EN SAN PEDRO
Cómo será elegido el sucesor de Juan Pablo II
Debe ser votado por dos tercios de los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina.
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UNA INTERACCION PERMANENTE CON LOS MOVIMIENTOS CATOLICOS
El lazo con la juventud, una clave
El Papa Juan Pablo II puso especial énfasis en el diálogo con los sectores juveniles del catolicismo. Depositó en ellos su esperanza para que el nuevo milenio encontrara al cristianismo fortalecido.
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EL PORTAVOZ MAS FAMOSO DE LA HISTORIA DEL VATICANO
Navarro Valls: el periodista que fue la sombra del Papa
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DESDE VIDELA HASTA KIRCHNER
Luces y sombras en su relación con los presidentes de Argentina
Criticó a Videla por violar los derechos humanos. Chocó con Alfonsín por el divorcio, pero lo elogió por el Beagle. Tuvo roces por el ajuste con Menem, pero lo condecoró. Con Kirchner el vínculo era distante.
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GESTIONES DE PAZ
Una intervención decisiva por el canal de Beagle y las Malvinas
El Papa envió al cardenal Antonio Samoré a mediar en el conflicto con los chilenos y viajó a la Argentina durante la guerra con los ingleses. Ante dos millones de personas ofició una misa por la paz.
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EL PONTIFICE EVITO UNA GUERRA EN EL CONO SUR
La mediación del Papa que llegó en el momento justo
En 1979, Argentina y Chile le pidieron su intervención y en 1984 pactaron la paz.
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LAS IDEAS DOCTRINARIAS DE JUAN PABLO II
Un implacable luchador contra el aborto y los anticonceptivos
Lo planteó en sus documentos papales. En su encíclica "Laborem exercens" Juan Pablo II criticó al "economismo materialista" que considera al trabajador sólo como un instrumento de producción.

Sus puntos de vista

La congoja mundial

Juan Pablo II, en el conmovido recuerdo del metafísico Rubén Cedeño

TESTAMENTO: comentario y VERSION COMPLETA

El teólogo Kung pide elijan un Papa que no discrimine a la mujer y permita a los sacerdotes casarse. 

Bergoglio, su figura y posición.

Fieles piden se lo declare santo ya.

 

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EL PRIMER PAPA NO ITALIANO EN 455 AÑOS

Karol Wojtyla, el orgullo polaco en el Vaticano

El espíritu de su patria, la más católica de los países eslavos, marcó a fondo su pontificado. Durante 26 años de reinado exaltó su acción misionera, combatió el comunismo y realizó más de cien viajes alrededor del mundo. Aplicó el puño disciplinario a quienes consideró que se apartaban de la ortodoxia.

Julio Algañaraz. CIUDAD DEL VATICANO. CORRESPONSAL
jalganaraz@clarin.com
Aunque dijo, apenas lo eligieron, que desde ese momento su nacionalidad importaba poco, Karol Josef Wojtyla, nacido en Wadowice, cerca de Cracovia, el 18 de mayo de 1920, fue siempre un polaco de los pies a la cabeza y, sobre todo, dentro de la cabeza. Su visión y sus perspectivas universales como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica que cuenta con 1.100 millones de fieles en todo el mundo, estuvieron marcadas por las tradiciones, la cultura, los acontecimientos políticos y los vastos sufrimientos históricos de su patria polaca.
Juan Pablo II se impuso un vasto programa en su largo pontificado: ser el misionero de la Iglesia en camino, el gran comunicador que anticipó el mundo de la globalización, el misionero que hizo más de un centenar de viajes fuera de Italia a los cinco continentes para "confirmar a los hermanos en la fe" y llevarles a casa la sede de Pedro (Donde está Pedro, o su sucesor, está la Iglesia). Pero el 264ø obispo de Roma, fue también un férreo tradicionalista doctrinario que mantuvo firme con las riendas de la centralización a la Iglesia y aplicó el puño de hierro disciplinario a todos los que pensó que se apartaban de la ortodoxia.
Sus críticos dicen que un epitafio apócrifo dirá: "Viajó mucho, gobernó poco y no cambió nada", pero sería injusto no darle a su reinado la dimensión de un pontificado histórico, que la posteridad recordará por los viajes apostólicos incansables, sus continuos baños de multitud que lo convirtieron en el Papa de las masas del siglo XX, pero también porque fue decisiva su acción contra el comunismo que imperaba en Polonia y en el resto del Este europeo y que bajo su impulso se derrumbó estrepitosamente cuando concluía la década de los años 80.
La actividad doctrinaria y disciplinaria de su pontificado fue enorme. Nueve Constituciones Apostólicas, 14 encíclicas, 13 Exhortaciones Apostólicas, 9 documentos jubilares, 58 cartas y cartas apostólicas.
Además, en los 23 años que permaneció junto al Papa como guardián de la "buena doctrina", el cardenal alemán Josef Ratzinger, el teólogo de hierro del Vaticano, aprobó decenas de documentos que caracterizaron el cuarto de siglo del pontificado. Con la aprobación del Papa, naturalmente, se recuerdan los documentos contra la unión legal de los homosexuales; el "Dominus Jesús" que enfatiza la unicidad y universalidad de Cristo en la misión salvífica de la Iglesia, que reitera el primado del catolicismo, y que fuera muy mal recibido en 2000 por las otras confesiones cristianas; la condena definitiva de las mujeres para ser sacerdotes; las "Consideraciones acerca de la Teología de la Liberación", de 1984, que dictaron la sentencia de muerte para aquel movimiento eclesiástico latinoamericano.
El cardenal Ratzinger condenó también con el apoyo del Papa muchas herejías y desviaciones doctrinarias, lo que ayudó a consolidar la centralización triunfal de Roma sobre la periferia.
Karol Wojtyla ha sido un hombre extraordinario, con un sentido del deber en forma heroica, muy a la polaca, una gran disciplina personal y un físico de atleta privilegiado gracias al cual pudo sobrevivir a tantas pruebas y operaciones, desde el atentado que casi le hizo perder la vida el 13 de mayo de 1981.
Los argentinos no deben olvidar que el primer gran problema con el que chocó el joven Papa de 58 años, que estaba aún instalándose en el Palacio Apostólico vaticano, fue la inminente guerra que estaba por estallar entre Argentina y Chile. La dictadura militar de nuestro país había decidido cruzar la cordillera y atacar al país hermano, regido por el dictador Augusto Pinochet, después que un arbitraje internacional que la misma Argentina había promovido (en épocas de otro gobierno militar, el del general Lanusse), le había concedido a Chile tres islas en disputa al sur del canal de Beagle.
Gracias a la intervención de Juan Pablo II y de su delegado, el cardenal Antonio Samoré, la guerra pudo ser evitada en medio de peripecias enormes y se inició así el camino para que los dos países resolvieran pacíficamente todas sus disputas fronterizas.
De los viajes del Papa, vale la pena recordar algunos. En enero de 1979 viajó a México para participar de la Conferencia de Puebla de los obispos latinoamericanos. En junio fue la primera de sus nueve visitas a su querida Polonia, su gira apostólica probablemente más importante de todo el pontificado. Millones de polacos lo aclamaron como padre de la nación. Pocos meses después nació el sindicato libre "Solidaridad" y el proceso de liberación del este europeo que permitió liquidar a las dictaduras comunistas casi sin derramamiento de sangre.
México y Polonia, aquellos dos viajes, marcaron a fuego las características del pontificado de Wojtyla. El catolicismo popular mexicano y la reivindicación nacional de libertad de los polacos tuvieron una gran importancia para el Papa.
Por otro lado, la lucha contra el comunismo hizo también que el Papa adoptara una posición dura contra los movimientos tercermundistas, especialmente en América Latina. Como el silencioso Paulo VI, tampoco Juan Pablo II denunció concretamente a las dictaduras militares "cristianas" con la misma indignación con que justamente denunciaba los males del comunismo.
Esto no le impidió visitar la Cuba de Fidel Castro en enero de 1998, que fue la realización de uno de sus "viajes imposibles". Pero hay otros dos que fueron definitivamente imposibles: China y Rusia.
Si con los chinos existió un duro forcejeo con las autoridades comunistas que imponen una Iglesia Patriótica autocéfala, separada de la comunión con Roma, con la Rusia poscomunista de Vladimir Putin es la Iglesia Ortodoxa de Alejo II la que se opuso a una visita del Papa de los católicos. Unir en una sola Iglesia universal a las dos Europas cristianas, la del este y la del oeste, fue una de las mayores aspiraciones de Juan Pablo II, que se vieron frustradas por la acusación de proselitismo de los ortodoxos, temerosos de que Roma terminara sometiéndolos.
El soplo del Espíritu Ecuménico que prometió el Papa en los comienzos de su pontificado ha avanzado muy pero muy poco. Con los anglicanos y los ortodoxos los problemas se mantienen y los protestantes ven con recelo la continua reiteración del primado de la Iglesia Católica y del Papa que Wojtyla y Ratzinger han hecho en varios momentos del pontificado.
"Lolek" (Carlitos) era hijo de un suboficial del ejército que recibió desde niño una rigurosa educación católica y una formación patriótica que a los polacos de entonces les regía el carácter: intransigencia, orgullo, idealismo. La patria de Chopin había sido en los siglos mutilada, ocupada, vejada por los grandes vecinos. Y siempre la identidad nacional se había identificado en la Iglesia, que nunca traicionó los ideales de la nación.
"Totus tuus", dicen con devoción los polacos a la Virgen Negra del santuario de Chestokowa. Y Karol Wojtyla tuvo siempre una gran vocación mariana.
A los 20 años, Karol Wojtyla se había trasladado hacía ya tiempo a Cracovia para estudiar en la Universidad. A esa edad estaba ya completamente solo: a los seis años había perdido a Emilia, su madre, y cuatro años después falleció de escarlatina su hermano mayor Edmund, médico, que "Lolek" adoraba, mientras atendía a las víctimas de una epidemia. Más tarde murió su padre, con quien rezaba varias veces por día.
El joven Wojtyla era muy admirado por las chicas y las leyendas le asignaron dos novias juveniles: Halina y Danuta. Con ellas participaba en los conjuntos teatrales. Era un buen actor y años más tarde demostró también ser un buen autor teatral y un interesante poeta.
Karol tenía muchos amigos judíos, con los que jugaba al fútbol. "Era un buen arquero", dijo su amigo hebreo Jerzy Kluger, quien vive hoy en Roma.
Esta relación personal ayudó a que el después papa Juan Pablo II cambiara la historia de las relaciones entre la Iglesia Católica, por siglos contaminada de antisemitismo, con el pueblo de Israel. En abril de 1986 "Lolek" fue el primer pontífice de la historia que visitó una sinagoga desde las épocas de San Pedro (que se llamaba Simón), y llamó a los judíos "nuestros hermanos mayores". Después impulsó las relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede. Este gesto histórico se completó en marzo de 2000 con el "viaje de los viajes" de Juan Pablo II a Jerusalén.
Vino la guerra y Karol Wojtyla trabajó como obrero en la Soda Solvay de Cracovia mientras asistía al seminario clandestino. El 1° de noviembre de 1946 fue ordenado sacerdote y fue a estudiar a Roma. El 4 de julio de 1958 fue consagrado obispo auxiliar de Cracovia. Tenía 38 años. Se destacó en su participación en el Concilio Vaticano II como joven asesor y en los Sínodos que convocó Paulo VI, que lo creó cardenal.
El 16 de octubre de 1978, 111 cardenales lo eligieron en la Capilla Sixtina como el primer Papa no italiano en 455 años.

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EL VATICANO Y SU PODER POLITICO
Un moderno cruzado en lucha contra los regímenes comunistas
Fue su objetivo político durante los años 80. Con un viaje a Varsovia en 1979 aceleró la debacle del gobierno polaco. Tras la caída del Muro, criticó al "capitalismo salvaje" y se opuso a la guerra en Irak.

CON WALESA. SU VIAJE A POLONIA, EN 1979, ABRIO EL CAMINO PARA EL NACIMIENTO DEL SINDICATO SOLIDARIDAD.

Julio Algañaraz.
jalganaraz@clarin.com

Juan Pablo II fue en un sentido el Papa más moderno y, en otro, uno de los más conservadores. Con esta dualidad de acción, proyectó su figura y su mensaje espiritual a escala planetaria y convirtió al Vaticano en un verdadero centro de poder terrenal, acorde con la era de profundo cambio histórico que signó al mundo en su papado.

Desde Roma combatió al comunismo y lo vio caer. Y vislumbró la llegada de una nueva era con la desaparición del mundo bipolar y la inminencia del Tercer Milenio del cristianismo.

Predicó la fe y condenó infinitamente la injusticia y la pobreza en largos viajes en los que, como un auténtico misionero de fines de siglo, no desechó un uso intensivo de sofisticados medios de comunicación, incluida la Internet. Pero su mensaje fue siempre severo: no se movió ni un milímetro en el tema del divorcio, dijo no al sacerdocio femenino y no aceptó derogar el celibato de los sacerdotes.

Karol Wojtyla, fascinado desde joven con los grandes místicos españoles como San Juan de la Cruz (objeto de su tesis doctoral), fue un pontífice mesiánico que sostenía la necesidad de un "incesante espíritu misionero" de la Iglesia. "El signo de la contradicción" fue una de sus mejores obras intelectuales y la contradicción es la clave para interpretar su papado.

El Papa era un profundo europeo que logró su objetivo de "hacer respirar a Europa con sus dos pulmones", ayudando a liberar del comunismo a Polonia, y al este del continente. Esta fue una lucha que lo empeñó a fondo durante los años 80.

Casi no hubo hecho de importancia en la vida política internacional sobre el cual no haya fijado posición y, en ocasiones, intervenido directa o indirectamente. Pero su peso político le deparó en ocasiones amargos momentos: el atentado del turco Alí Mehmet Agca confirmó al Papa el signo apocalíptico de la época.

No obstante, el Papa sintió siempre la necesidad de continuar con su estilo heroico, muy polaco, de arriesgarse hasta el sacrificio, porque sostenía que Pedro y sus sucesores son los que primero deben dar el ejemplo del martirologio de la fe.

La epopeya anticomunista comenzó quizá como programa en el mismo cónclave que lo eligió, en octubre de 1978, y tuvo su primera manifestación en el viaje a Polonia en junio de 1979. Aquellos fueron 10 días que tuvieron en vilo al mundo.

Un año después nació en Gdansk el sindicato libre Solidaridad, liderado por el electricista Lech Walesa. La acción política principal del Papa de ahí en más fue el trabajo denodado para liquidar al comunismo europeo.

Wojtyla estaba convencido, mucho antes de ser elegido Papa, de la fragilidad sustancial del sistema soviético y el de sus países satélites. A fin de 1989, con el derrumbe del Muro de Berlín, llegó su hora más gloriosa. Después vinieron las sorpresas y amarguras de la era poscomunista.

Los años del poscomunismo han creado en el Este grandes injusticias sociales que visiblemente lo desilusionaron. El Papa se lanzó contra el "nuevo ídolo", el capitalismo salvaje y la ideología de la globalización de los mercados, en defensa de los valores cristianos de solidaridad y de la dimensión social de la doctrina católica, que Juan Pablo II explicó en tres distintas encíclicas durante su pontificado.

Polonia, que debía ser el ejemplo concreto de la alternativa al comunismo y al capitalismo salvaje, terminó votando mayoritariamente a los poscomunistas. Para colmo, en setiembre de 1996 fue reimplantado el aborto. "Se ve que no hemos sufrido bastante", dijo el Papa.

Contra lo que Juan Pablo II esperaba, la Europa que debía respirar a dos pulmones, finalmente libre, albergaba otros muros más profundos. El angustioso empeño del Papa en favor de la unidad con las otras religiones cristianas pasaba, en primer lugar, por el proceso de rápido acercamiento a los ortodoxos, separados de Roma desde 1054.

Recelo de los ortodoxos
Los viajes de Juan Pablo II por el Este y el entusiasmo católico en las regiones eslavas liberadas del comunismo despertaron un creciente recelo en los patriarcados ortodoxos, sobre todo en el más importante: el de Moscú.

Alexis II, el gran patriarca, rechazó las invitaciones para un encuentro histórico. El Jubileo Extraordinario del año 2000, que debía culminar con un abrazo ecuménico entre los cristianos en Jerusalén, se convirtió en un sueño imposible. Sin embargo, el Papa fue un firme defensor de un diálogo entre palestinos y judíos en Oriente Medio y se convirtió, tras la invasión de EE.UU. en Irak, en uno de los más fervientes opositores a la guerra en el Golfo.

Fueron muchas las intuiciones del primer Papa eslavo de la historia, que buscó reconciliar a Oriente con Occidente y al Norte rico, egoísta y cada vez más indiferente al llamado religioso, con el sur del mundo, pobre y tan ansioso de valores como de bienestar. Karol Wojtyla sabía que en el Tercer Milenio el centro de gravedad de la Iglesia se moverá hacia el sur y el este del planeta.

La mayor parte de los católicos se encuentra en las naciones pobres del sur. La mitad, en el continente americano.

Las giras apostólicas de Juan Pablo II sirvieron, en el plano interno de la Iglesia, para enfatizar sobre la disciplina y, según los adversarios, para orientar en sentido conservador la doctrina del Concilio Vaticano II.

Papa pastoral más que teológico, de hechos, de gestos y de imagen —ha sido el líder mundial con más presencia en los medios de comunicación—, Juan Pablo II tuvo siempre la convicción de que la acción de "misionero del mundo" exigía disciplina interna en la Iglesia e ideas claras para no confundir a la gente.

En materia moral, el Papa ratificó las ideas tradicionales sobre divorcio, aborto, anticonceptivos y sacerdocio femenino. Su guardián de la ortodoxia, el cardenal Josef Ratzinger, prefecto del ex Santo Oficio, emitió un documento en el que, por única vez en el pontificado wojtyliano, se aclaró que en esta materia el Papa había pontificado en forma "infalible". Esta ratificación tajante abrió un abismo con los anglicanos, que aceptaron el sacerdocio ejercido por mujeres.

El torniquete disciplinario se abatió en los católicos tercermundistas de América latina. La Teología de la Liberación, al menos "en algunos de sus aspectos", fue condenada por filomarxismo en 1984 desde la Santa Sede.

Karol Wojtyla dejó un mundo con mil millones de bautizados en el inicio de un nuevo milenio cargado de dudas y acechanzas. No logró todo lo que se propuso. Pero jugó con pasión hasta el final —y en una dimensión hasta ahora desconocida— un papel para nada fácil: el de jefe espiritual y político de la Iglesia y del Estado Vaticano.
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El histórico viaje a la Cuba de Fidel


"Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba", fue la frase más célebre que definió la visita de Juan Pablo II a la isla caribeña de Fidel Castro, considerado uno de los "viajes imposibles" de su pontificado.

La gira apostólica de cinco días del Papa (del 21 al 25 de enero de 1998) fue lógicamente calificada de histórica y Karol Wojtyla, al hacer el balance del periplo cubano dijo claramente que éste le había recordado su visita a Polonia en 1979, un acontecimiento al que muchos le atribuyen el comienzo de la caída del imperio soviético.

La visita tuvo un extraordinario éxito de masas. En Santa Clara, donde se encuentra el monumento con los restos del Che Guevara, se agolparon en la misa 150 mil fieles, que fueron 350 mil en Santiago de Cuba y casi 600 mil en la celebración final en La Habana.

El Papa condenó al marxismo y criticó el neoliberalismo capitalista. También reiteró su rechazo al embargo de 35 años al que EE.UU. ha sometido a Cuba. Cuando un periodista estadounidense le preguntó que debía hacer Washington con Cuba, respondió: "Cambiar".

Como se esperaba, la gira papal no sirvió para "ablandar" al régimen comunista, pero si estableció un diálogo difícil entre Castro y la Iglesia que prosigue hasta hoy.

 

Hitos de un pastor

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en la ciudad de Wadowice, en el sur de Polonia.

La cultura y el espíritu polacos influyeron su pontificado. A los 22 años, en plena guerra, ingresó en un seminario clandestino. Cuatro años más tarde, una vez ordenado sacerdote, partió hacia Roma.

A los 38 años fue promovido a arzobispo y, tres años después, a cardenal.

El 16 de octubre de 1978 fue elegido como el Papa número 264. Fue el primer Sumo Pontífice eslavo en la historia de la Iglesia. Y el primero de origen no italiano en 455 años.

 

Es elegido Papa el 16 de Octubre de 1978.

Vida y pasión del primer Papa eslavo

·  Contra el comunismo. El objetivo político primordial de su papado fue combatir al comunismo, un sistema que criticó duramente por sus abusos y persecución a la religión.

·  El atentado. El 13 de mayo de 1981, el terrorista turco de extrema derecha Alí Mehmet Agca hirió de gravedad a Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. El ataque minó gravemente su salud para el resto del pontificado.

·  El viajero. Durante sus 26 años de papado peregrinó por los 5 continentes.

·  El cónclave. Dentro de 15 o 20 días se reunirá en la Capilla Sixtina el cónclave de cardenales para elegir al nuevo Papa. Debe ser aprobado por 2/3 de los purpurados.

·  La Santa Sede. Infografía sobre el Vaticano, la casa del Papa.

·  Juventud. Los jóvenes siempre fueron una fuente de energía para el Papa.

·  Con la Argentina. La relación de Juan Pablo II con la Argentina conoció todos los altibajos posibles. Criticó a la Junta encabezada por Videla por violar los derechos humanos; con Alfonsín se enfrentó por la aprobación de la ley de divorcio, pero elogió el fin del conflicto por el Beagle, y con Menem tuvo roces por el ajuste económico.

·  Beagle y Malvinas. Su primera visita a la Argentina, en 1982, estuvo enmarcada por la guerra con Gran Bretaña. "Hagan con sus manos una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra", imploró en Palermo.

·  Mediación. No había cumplido un año como papa cuando la amenaza de guerra entre Argentina y Chile lo llevó a realizar una de las mediaciones más exitosas en la historia de la Iglesia.

·  Defensa de la vida. Desaparecido el comunismo en Europa, se lanzó contra el capitalismo salvaje, en defensa de los valores cristianos de la solidaridad y justicia social. Su encíclica Centesimus annus, de 1991, establece la posición de la Iglesia frente a la nueva realidad política. Además hizo eje de sus prédicas la "defensa de la vida", contra el aborto y la anticoncepción.

·  Con los judíos. Fue el Papa que más hizo por la reconciliación entre el pueblo católico y el judío y el primero, desde la época de San Pedro, que entró en una sinagoga. En abril de 1986, en el gran templo judío de Roma llamó a los judíos "nuestros hermanos mayores".

·  Vigilia final. El mundo entero oró por Juan Pablo II.

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DOS DISPAROS QUE CONMOCIONARON AL MUNDO
El atentado de Alí Agca

 



A las 17.19 del miércoles 13 de mayo de 1981, en la plaza San Pedro del Vaticano, el terrorista turco de extrema derecha Alí Mehmet Agca alzó el brazo armado por encima de la cabeza y sin hacer demasiada puntería, pero a sólo tres metros de distancia, disparó contra Juan Pablo II.

Con el hábito blanco manchado de sangre, Karol Wojtyla cayó lentamente dentro del jeep donde estaba parado y que le servía para dar una larga vuelta por la plaza durante la audiencia general de los miércoles.

Agca alcanzó a disparar dos veces antes de enfundar la pistola y huir a la carrera. No fue muy lejos: una monja valiente se le tiró encima y un policía lo inmovilizó ayudado por otros fieles.

El Papa fue cargado en una ambulancia. En el trayecto de quince minutos hasta el policlínico Gemelli, el secretario papal, monseñor Stanislao Dziwisz, tomó la confesión a Juan Pablo II y juntos rezaron todo el tiempo en polaco. "Me di cuenta de que iba a salvarme", contó años después Juan Pablo II a un periodista.

El cirujano Francesco Crucitti encontró una situación difícil. El Papa había perdido mucha sangre, "casi tres litros", y fue sometido de inmediato a una masiva transfusión. En la operación que le realizaron le extirparon más de un metro de intestinos.

El atentado fue de inmediato atribuido a una conspiración. Hasta ahora la Justicia italiana mantiene abierta una causa "contra desconocidos" porque las sospechas más lógicas descartan que Agca haya obrado como un criminal solitario.

Transcurridos unos años después del atentado, el Papa visitó a Agca en su celda y no dudó en perdonarlo. Desde el 2000, Agca cumple su cadena perpetua en una cárcel turca.

El cuadro internacional, por otra parte, hizo pensar en que los mandantes del atentado estaban en el Este y que la punta de la conspiración se encontraba en Moscú; probablemente en la célebre sede de la KGB.

Pero las confesiones de Alí Agca, que fue condenado rápidamente a cadena perpetua, orientaron las investigaciones hacia la llamada "pista búlgara". Fueron involucrados varios diplomáticos de la Embajada de Bulgaria en Roma, pero todos ellos resultaron absueltos. También fueron absueltos tres dirigentes de la organización ultraderechista islámica de los "Lobos grises", a la que pertenecía Alí Agca.

La pista búlgara era coherente porque el DS, los servicios secretos del gobierno comunista de Sofía, se encargaba por cuenta de la KGB de hacer trabajos sucios en los que no querían comprometerse los rusos en persona. Con su anticomunismo, el Papa era visto como una amenaza.

Extrañamente, dos horas después del atentado, partió hacia Sofía desde la Embajada búlgara en Roma un camión para el que —única vez en el año— se había pedido el permiso de tránsito diplomático. Una hipótesis es que ese camión debía servir para facilitar la huida de Agca. Lo cierto es que los mandantes del atentado siguen en la sombra.

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LOS VIAJES DEL PAPA
Recorrió un millón de kilómetros durante más de un cuarto de siglo




Sus giras por los 5 continentes fueron la característica más espectacular de su pontificado. Viajó más que todos sus predecesores juntos. Y congregó multitudes como ninguna otra personalidad mundial.

Julio Algañaraz.
jalganaraz@clarin.com

El Papa llevaba recorridos un total de 1.246.000 kilómetros, algo suficiente como para ir y venir a la Luna varias veces. Un cálculo más preciso indica que el Pontífice dio 30 veces la vuelta el mundo, en 104 viajes apostólicos fuera de Italia desde que en 1978 fuera consagrado como vicario de Cristo.

Las peregrinaciones de Juan Pablo II por 133 países de los cinco continentes "para evangelizar a los pueblos del mundo", como él decía, han sido la característica más espectacular de su paso como jefe de la Iglesia católica.

El Papa misionero —como lo bautizó una parte de la prensa europea— se había convencido de que peregrinar por la Tierra era una prioridad esencial de su programa. Esa característica de su gobierno al frente de la Santa Sede ya quedó en evidencia al visitar México en enero de 1979, en su primera gira apostólica.

El entusiasmo de los mexicanos, la exhibición de una fe popular y un afecto multitudinario que aumentó en los otros cuatro viajes que realizó a México, fue un hito de gran importancia personal para Wojtyla.

En 1979, Juan Pablo II realizó otro viaje que marcó su pontificado: la primera visita de un pontífice a Polonia. Del 2 al 10 de junio, Wojtyla recorrió varias ciudades y culminó la gira en Cracovia, la ciudad de la que había sido cardenal arzobispo hasta su elección como Papa. Sus discursos fueron un mensaje de esperanza y de rebelión que pocos meses después alentaron la creación, en los fríos astilleros de Gdansk, del sindicato Solidaridad.

Aquella visita del Papa a Polonia marcó el principio del fin del comunismo, que en Europa comenzó a derrumbarse en 1989 a partir de Polonia, y el fin del muro de Berlín.

El viajero Juan Pablo II afrontó todo tipo de situaciones en sus viajes. En Fátima, Portugal, en mayo de 1982, mientras se acercaba a la imagen de la virgen para agradecerle que lo había salvado del atentado de un año atrás sus custodios lo salvaron de la agresión, con una bayoneta, de un cura español tradicionalista y con la mente desquiciada.

No hubo otros atentados durante los viajes, pero sí algunos intentos abortados, como el que ocurrió en Sarajevo el 12 de abril de 1997. Este era uno de los "viajes imposibles" que finalmente realizó, con gran coraje, Juan Pablo II. Una carga de explosivos había sido colocada bajo un puente por donde debía pasar el Papa, pero la policía la descubrió unas horas antes de su llegada.

Es muy difícil hacer una evaluación de las dificultades que afrontó el Papa polaco: el calor abrumador en los países tropicales, que lo llevaron casi al desvanecimiento. En 1991, en el Matto Grosso brasileño, el calor infernal y la humedad muy alta fueron la prueba física más dura, pero Juan Pablo II ofició igual la misa en Cuibá.

De los "viajes imposibles" hay que recordar también la visita apostólica a Beirut el 10 y 11 de mayo de 1997. Como en el caso de Sarajevo, el Papa tuvo que suspender la visita dos veces a esas naciones con mayoría musulmana que habían sufrido una terrible guerra civil.

Durante este último cuarto de siglo pletórico de viajes, Juan Pablo II ha congregado multitudes como ninguna otra personalidad mundial. "¿Cuál fue la más grande concentración?". Todos están de acuerdo que los cinco millones de personas que se reunieron en la misa de celebración de la XII Jornada Mundial de la Juventud en Manila, capital de Filipinas, en enero de 1995, fueron "la mayor multitud jamás vista", según el diario vaticano L''Osservatore Romano.

Otra peregrinación que tuvo en vilo a la opinión pública fue la que hizo a la Cuba de Fidel Castro entre el 21 y el 25 de enero de 1998.

En los últimos años, ningún viaje causó tantas expectativas mundiales como la visita del Papa a la mítica Jerusalén, que realizó contra viento y marea en marzo de 2000. Lo llamaron "el viaje de los viajes" por la máxima importancia religiosa de esta gira apostólica a Tierra Santa.

Sus últimos grandes viajes fueron a Eslovaquia, en setiembre de 2003, y a Lourdes, en Francia, en agosto de 2004. En ambos casos, tuvo dramáticos problemas de salud.

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UNA INTERACCION PERMANENTE CON LOS MOVIMIENTOS CATOLICOS
El lazo con la juventud, una clave
El Papa Juan Pablo II puso especial énfasis en el diálogo con los sectores juveniles del catolicismo. Depositó en ellos su esperanza para que el nuevo milenio encontrara al cristianismo fortalecido.

CIUDAD DEL VATICANO. AFP
La comprensión y la complicidad que sentía con los jóvenes que lo seguían fueron una de las marcas sobresalientes del pontificado de Juan Pablo II, que estuvo dominado por un impulso de los movimientos católicos, que vivieron un verdadero renacimiento y ocuparon un lugar privilegiado en la Iglesia Católica en los últimas casi tres décadas.

El Papa demostró, siempre, una notable disponibilidad hacia los jóvenes católicos. Acostumbraba encontrarlos en las multitudinarias, y numerosas, manifestaciones organizadas durante sus viajes pastorales por todo el mundo. Con ellos también llegó a bromear y cantar.

Gracias a esa corriente de afinidades que estableció con la juventud, el Sumo Pontífice lograba hablar de sus ideas y principios, su posición contraria al aborto, la anticoncepción y la homosexualidad, inclusive después de jornadas maratónicas, como sucedió en ocasión de sus visitas a Sevilla (España) y a Ciudad de México.

Los jóvenes le cantaban serenatas bajo su ventana y él les dedicaba tiempo para escuchar sus problemas, sus angustias e interrogantes sobre la sociedad actual y la relación entre ellos y la iglesia.

Al inicio de su pontificado, en su residencia veraniega de Castelgandolfo, en las afueras de Roma, solía invitar a grupos de juveniles a pasar la velada frente a la chimenea, con los que cantaba cánticos polacos y recordaba historias de montañeros o de su época de deportista.

Un hito de ese diálogo permanente fue durante 1984, en ocasión del Jubileo, cuando el Papa organizó la Jornada Mundial de la Juventud, lo que le permitió afianzar el diálogo constante que mantuvo con miles de jóvenes de todo el mundo.

Las jornadas de Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czestochowa (Polonia), Denver (Estados Unidos), Manila (Filipinas), París y Roma, representaron para Juan Pablo II, como él mismo decía, "una exhortación para permanecer joven" y despertaron el entusiasmo en sus participantes, que llegaron a algunas de esas capitales a pie, en bicicleta e inclusive a caballo.

El máximo jefe de la Iglesia católica jamás escondió, al contrario, que contaba con los jóvenes para que lo acompañaran al umbral del tercer milenio del cristianismo, y para que afrontaran los desafíos por venir: "Ustedes son la esperanza de la iglesia y del mundo. Ustedes son mi esperanza", declaró al inicio de su pontificado, al anunciar su misión como pastor de la Iglesia.

"Les toca a ustedes —les manifestó— la misión de defender valores tales como la libertad religiosa, el respeto de la persona, la protección del derecho a la vida, la promoción de la familia, la valorización de las diversidades culturales en favor del enriquecimiento mutuo, la salvaguardia del equilibrio ecológico amenazado", insistió en su viaje a Czestochowa.

"Ustedes deberán tener claro que el futuro de la paz, y por lo tanto el futuro de la humanidad, dependen de sus decisiones", repitió el pontífice al inaugurar el tercer milenio.

EL PORTAVOZ MAS FAMOSO DE LA HISTORIA DEL VATICANO
Navarro Valls: el periodista que fue la sombra del Papa

ROMA. LA REPUBBLICA


No creo que a alguien le importe saber qué siento dentro de mí ahora". Así respondió esta semana una pregunta periodística el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, quien estuvo a la sombra de Juan Pablo II por más de dos décadas.

Español, hoy de 68 años, un día de 1984 recibió un llamado telefónico esperado. El Papa había decidido confiarle la comunicación externa de la Santa Sede.

Venía de una larga trayectoria periodística: titular de la Asociación de Diarios Extranjeros en Italia, fundador de la revista Diagonal, de Barcelona, y corresponsal de ABC de España. También fue premiado varias veces.

"Nunca le pregunté al Papa por qué me eligió, ni él me lo ha dicho, pero siempre se lo he agradecido", recuerda este hombre que tiene montones de historias con el Santo Padre. Una, evocó hace poco, era su entrevista con el ex líder soviético Mijail Gorbachov. "Hablaron una hora y media y anunciaron que la URSS aprobaba una ley sobre libertad de conciencia, y Gorbachov invitó a Juan Pablo II a visitar Moscú".

Navarro Valls acompañó al Papa en todos sus viajes. Incluido aquel tan simbólico a Jerusalén, cuando el Sumo Pontífice colocó improvisadamente un papel en el Muro de los Lamentos, que inmediatamente fue llevado como recuerdo al Museo del Holocausto. Y hasta se le adelantó tres meses a su viaje a La Habana, para revisar con el líder cubano Fidel Castro "cualquier detalle o cuestión" a convenir con el Papa antes de su viaje a la isla.

Miembro del Opus Dei y también médico, Navarro fue con Juan Pablo II el rostro más visible del Vaticano, aunque su poder fue escaso y cumplió órdenes directas del cardenal

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DESDE VIDELA HASTA KIRCHNER
Luces y sombras en su relación con los presidentes de Argentina

Criticó a Videla por violar los derechos humanos. Chocó con Alfonsín por el divorcio, pero lo elogió por el Beagle. Tuvo roces por el ajuste con Menem, pero lo condecoró. Con Kirchner el vínculo era distante.

María Luisa Mac Kay.
mlmackay@clarin.com

La relación del papado de Juan Pablo II con la Argentina conoció todos los altibajos posibles. Debió atravesar el cuasi naufragio de una mediación vaticana por el diferendo con Chile por el canal de Beagle, superar una visita papal en medio de la Guerra de las Malvinas y sacudirse con la aprobación de la ley de divorcio o las críticas del Papa a los rigores del plan económico del menemismo, la corrupción y la impunidad.

El primer funcionario argentino que obtuvo una audiencia con Karol Wojtyla recién convertido en Papa, en octubre de 1978, fue Oscar Montes, canciller de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. En la entrevista con Montes, el Papa le envió a la Argentina "los mejores deseos de paz" y le dijo al funcionario que tanto para él como para su antecesor había tres puntos de capital importancia: "La justicia social, la paz y los derechos humanos".

En diciembre, la Santa Sede nombraba al cardenal Antonio Samoré como mediador entre Argentina y Chile por el Beagle.

En noviembre de 1978, Juan Pablo II fue más a fondo en el tema de los derechos humanos y dijo que en el Vaticano "aparece a menudo el drama de las personas desaparecidas", en particular en la Argentina y Chile.

Pero no fue sino hasta julio de 1980 cuando, en un viaje al Brasil, el Papa se reunió por primera vez con un grupo de madres, viudas y hermanas de desaparecidos. Las Madres de Plaza de Mayo fueron presentadas al Papa por el arzobispo Vicente Scherer.

En octubre de 1981 L''Osservatore Romano, órgano de la prensa vaticana, lanzó una dura crítica al comunicado de la Junta militar que daba por muertos a los desaparecidos y por cerrada la cuestión. "No existe ya, pues, margen oficial para un ulterior esfuerzo en orden a indagar la verdad", denunciaba L''Osservatore en un amplio artículo que fue leído como una condena directa del Papa a la dictadura militar.

Luego llegaron la democracia a la Argentina y las mieles del acuerdo definitivo sobre la cuestión del Beagle, impulsado en gran medida por el radicalismo, y los roces con el mismo gobierno por la ley de divorcio.

En medio de ambas cuestiones se realizó la segunda visita del Pontífice a la Argentina.

En una demostración callejera en contra de la ley de divorcio, aprobada en junio de 1987, marchaba a la cabeza el entonces gobernador riojano, Carlos Saúl Menem. Pero cuando llegó a ocupar la presidencia, Menem debió aprender, sin embargo, a digerir los reclamos que hizo el Papa por su propio ajuste neoliberal.

Juan Pablo II comenzó a referirse a la falta de equidad en el ajuste y el entonces Presidente reaccionó diciendo que, quizás, "al Papa Juan Pablo II no lo informan bien sobre la Argentina".

Para recomponer la delicada situación viajó al Vaticano con una carta especial de Menem el entonces secretario de la Función Pública, Gustavo Beliz. Las gestiones dieron sus frutos y seis meses después, el 8 de octubre de 1992, Menem y el Papa se encontraron en el Vaticano. "Esta reunión no es un bálsamo, ni hace falta, porque no hay heridas", dijo Menem, categórico.

Pese a estos chisporroteos verbales, poco comunes en las relaciones bilaterales con el Vaticano, el 16 de diciembre de 1993 el Papa condecoró a Menem con el Gran Collar de la Orden Piana.

Y es que para entonces, y pese al rigor de la crisis económica, el presidente argentino ya se había convertido en un aliado del Vaticano en la condena del aborto. Fue sostenida como estandarte por Argentina en la Cumbre de la Mujer en Pekín en 1995.

Con la llegada de Fernando de la Rúa a la presidencia, la relación de la Casa Rosada con el Vaticano dejó de tener la intensidad de los tiempos de Menem. Y procuró imprimir sobriedad a su relación con el Vaticano. Pero la prolongación de la crisis económica provocó que, en su primera visita, en abril de 2001, Juan Pablo II insistiera con lo mismo que pidió a Menem: medidas a favor de la equidad social.

También Eduardo Duhalde mostró sintonía con el pensamiento social del Papa. En 1999, durante la campaña presidencial que lo enfrentaba a Menem, lo visitó en el Vaticano y subrayó su doctrina de la deuda externa.

Néstor Kirchner es el primer mandatario democrático que no llegó a reunirse con el Papa. Las relaciones fueron más bien distantes. Un episodio que tensó el vínculo fue cuando Kirchner postuló para la Corte a la jurista Carmen Argibay, quien se declaró a favor de la despenalización del aborto. Otro, más reciente, cuando le retiró el aval como obispo castrense a monseñor Antonio Baseotto. Con todo, la cancillería venía tramitando una audiencia de Kirchner con Juan Pablo II. La fecha se venía demorando.
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GESTIONES DE PAZ
Una intervención decisiva por el canal de Beagle y las Malvinas

El Papa envió al cardenal Antonio Samoré a mediar en el conflicto con los chilenos y viajó a la Argentina durante la guerra con los ingleses. Ante dos millones de personas ofició una misa por la paz.
Alejandra Pataro.
apataro@clarin.com

El papa Juan Pablo II dejó sus huellas en dos momentos críticos de la historia reciente de la Argentina.

El conflicto con Chile por el canal de Beagle lo llamó como mediador, en enero de 1979. Tres años más tarde, el oscuro capítulo de la Guerra de las Malvinas reclamó su presencia, ya no como mediador, sino como portador de un mensaje de paz.

Mientras en el archipiélago austral se sucedían los combates, Juan Pablo II llegó a Buenos Aires pocos minutos antes de las 9 de la mañana del 11 de junio de 1982.

A diferencia de otros viajes, su fugaz visita de 31 horas sólo demandó dos semanas de organización. Existieron presiones para que así fuera. Una visita a Gran Bretaña de "estricto carácter apostólico", prevista para el 28 de mayo de ese año, y una posterior audiencia con el principal aliado británico en la guerra, el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan, en Roma, prometían teñir de parcialidad la imagen del Papa ante la opinión pública argentina.

Para evitar esa posibilidad y dejar bien en claro su papel neutral en el conflicto bélico, Juan Pablo II anunció inesperadamente, a pocos días de viajar a Gran Bretaña, que también iba a visitar la Argentina, un país que por primera vez en el siglo se encontraba inmerso en la pesadilla de la guerra.

El anuncio de la visita papal desató reacciones diversas entre los argentinos. Mientras las adhesiones de distintos sectores se hacían públicas en los medios de comunicación, en los despachos oficiales circulaban volantes anónimos en los que se acusaba al Pontífice de haber "entregado el Beagle y de querer entregar las Malvinas al enemigo".

Las organizaciones defensoras de los derechos humanos, en tanto, se apresuraron a solicitar una audiencia con el Papa polaco. Pero la Nunciatura y el Episcopado local excluyeron esa posibilidad "en razón de la brevedad de la visita".

El Vaticano dejó en claro desde un principio que la estadía del Papa encerraba sólo "el deseo de orar con el pueblo argentino por la paz y cese del conflicto bélico en el Atlántico Sur". Pero si bien la visita fue reiteradamente calificada como "eminentemente pastoral", al jefe de la Iglesia Católica le resultaría difícil no incursionar en las preocupaciones domésticas de un pueblo que le exigiría sin duda alguna referencia concreta.

Misa en Luján

En el primer día de visita, cerca de 700.000 personas inundaron Luján bajo una lluvia intensa hasta desbordar el amplio espacio abierto ubicado frente a la Basílica de la Virgen, para ver y escuchar al Pontífice.

Al día siguiente lo esperaba la concentración más numerosa de la historia del país. Dos millones de personas enfervorizadas, en su mayoría jóvenes menores de 30 años, rodearon el altar erigido en el Monumento de los Españoles, en Palermo, desde donde Juan Pablo II ofreció, cerca del mediodía, una misa que se extendió durante dos horas y media. La jornada fue apoteósica.

Los tres comandantes en jefe, Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo y las máximas autoridades del gobierno de facto también se hicieron presentes durante la misa.

En Luján llegó a pronunciar la palabra "paz" en 14 ocasiones. Ocurre que procurar la paz fue el eje de su misión. El Papa polaco vino a la Argentina a rezar y a enhebrar un enérgico alegato contra la guerra, a la que calificó de "un absurdo y siempre injusto fenómeno". Obviamente, no tuvo la intención de mediación política ni de ensayar una negociación. Tampoco tenía previsto incursionar en la problemática interna argentina.

Pero, quizá reconociendo que no podía sobrevolar a tanta altura esas preocupaciones, Juan Pablo II hizo finalmente una breve referencia. Y en la Catedral metropolitana habló "de las tensiones y heridas que han dejado sus huellas, agravadas por recientes acontecimientos, en la sociedad argentina" e hizo una exhortación para superarlas "lo antes posible".

Fue en Palermo donde el Papa puso fin a su fugaz visita al país. Con "una palabra especial a los jóvenes", a quienes instó a fortalecer la paz, se despidió de los argentinos.

Pero su último mensaje lo dio en el aeropuerto de Ezeiza, pocos minutos antes de partir rumbo al Vaticano. Fue cuando, bajo la atención de todos, instó a las partes para que encontraran "una solución honorable" a las circunstancias bélicas en el Atlántico Sur, que ya se adivinaban adversas para las tropas argentinas.

Ese mismo día regresó a Roma. Volvería a Buenos Aires el 9 de abril de 1987, durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín. Pero para ese entonces ya no había olor a pólvora en el aire.

Antecedentes

Entre 1978 y 1984, el Vaticano puso en marcha su maquinaria diplomática en el marco de dos conflictos: la disputa por el Beagle y la Guerra de las Malvinas.

·  En diciembre de 1978 el cardenal Antonio Samoré llegó a Bs. As. en medio de la máxima tensión entre Chile y Argentina por el Beagle.

·  En enero de 1979 Santiago y Buenos Aires pidieron formalmente la mediación papal.

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