
El guerrero de la luz

En un
extraordinario y valioso documento generado por el diario Clarín, de Argentina,
con motivo de la muerte de Su Santidad Juan Pablo II, se desarrollan los
siguientes temas que podrás encontrar aquí a continuación de estos títulos
enunciados.

PRIMER PAPA NO
ITALIANO EN 455 AÑOS
Karol Wojtyla, el orgullo polaco en el Vaticano
El espíritu de su patria, la más
católica de los países eslavos, marcó a fondo su pontificado. Durante 26 años
de reinado exaltó su acción misionera, combatió el comunismo y realizó más de
cien viajes alrededor del mundo. Aplicó el puño disciplinario a quienes
consideró que se apartaban de la ortodoxia.
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EL VATICANO Y SU PODER POLITICO
Un moderno cruzado en lucha contra los regímenes
comunistas
Fue su objetivo político durante los
años 80. Con un viaje a Varsovia en 1979 aceleró la debacle del gobierno
polaco. Tras la caída del Muro, criticó al "capitalismo salvaje" y se
opuso a la guerra en Irak.
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DOS DISPAROS QUE CONMOCIONARON AL MUNDO
El atentado de Alí Agca
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LOS VIAJES DEL PAPA
Recorrió un millón de kilómetros durante más de un
cuarto de siglo
Sus giras
por los 5 continentes fueron la característica más espectacular de su
pontificado. Viajó más que todos sus predecesores juntos. Y congregó multitudes
como ninguna otra personalidad mundial.
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EL CONCLAVE EN SAN PEDRO
Cómo será elegido el sucesor de Juan Pablo II
Debe ser
votado por dos tercios de los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina.
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UNA INTERACCION PERMANENTE CON LOS
MOVIMIENTOS CATOLICOS
El lazo con la juventud, una clave
El Papa Juan
Pablo II puso especial énfasis en el diálogo con los sectores juveniles del
catolicismo. Depositó en ellos su esperanza para que el nuevo milenio
encontrara al cristianismo fortalecido.
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EL PORTAVOZ MAS FAMOSO DE LA HISTORIA
DEL VATICANO
Navarro Valls: el periodista que fue la sombra del
Papa
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DESDE VIDELA HASTA KIRCHNER
Luces y sombras en su relación con los presidentes
de Argentina
Criticó a
Videla por violar los derechos humanos. Chocó con Alfonsín por el divorcio,
pero lo elogió por el Beagle. Tuvo roces por el ajuste con Menem, pero lo
condecoró. Con Kirchner el vínculo era distante.
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GESTIONES DE PAZ
Una intervención decisiva por el canal de Beagle y
las Malvinas
El Papa
envió al cardenal Antonio Samoré a mediar en el conflicto con los chilenos y
viajó a la Argentina durante la guerra con los ingleses. Ante dos millones de
personas ofició una misa por la paz.
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EL PONTIFICE EVITO UNA GUERRA EN EL
CONO SUR
La mediación del Papa que llegó en el momento
justo
En 1979,
Argentina y Chile le pidieron su intervención y en 1984 pactaron la paz.
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LAS IDEAS DOCTRINARIAS DE JUAN PABLO
II
Un implacable luchador contra el aborto y los
anticonceptivos
Lo planteó
en sus documentos papales. En su encíclica "Laborem exercens" Juan
Pablo II criticó al "economismo materialista" que considera al
trabajador sólo como un instrumento de producción.
Juan Pablo II, en el conmovido recuerdo del metafísico Rubén Cedeño
TESTAMENTO: comentario y VERSION COMPLETA
El teólogo Kung pide elijan un Papa que no discrimine a la mujer y permita a los sacerdotes casarse.
Bergoglio, su figura y posición.
Fieles piden se lo declare santo ya.
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EL PRIMER PAPA NO ITALIANO EN 455 AÑOS
Karol Wojtyla, el orgullo polaco en el Vaticano
El espíritu de su patria, la más católica de los países eslavos, marcó a
fondo su pontificado. Durante 26 años de reinado exaltó su acción misionera,
combatió el comunismo y realizó más de cien viajes alrededor del mundo. Aplicó
el puño disciplinario a quienes consideró que se apartaban de la ortodoxia.
Julio Algañaraz. CIUDAD DEL VATICANO. CORRESPONSAL
jalganaraz@clarin.com
Aunque dijo, apenas lo eligieron, que
desde ese momento su nacionalidad importaba poco, Karol Josef Wojtyla, nacido
en Wadowice, cerca de Cracovia, el 18 de mayo de 1920, fue siempre un polaco
de los pies a la cabeza y, sobre todo, dentro de la cabeza. Su visión y sus
perspectivas universales como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica que cuenta
con 1.100 millones de fieles en todo el mundo, estuvieron marcadas por las
tradiciones, la cultura, los acontecimientos políticos y los vastos
sufrimientos históricos de su patria polaca.
Juan Pablo II se impuso un vasto
programa en su largo pontificado: ser el misionero de la Iglesia en camino,
el gran comunicador que anticipó el mundo de la globalización, el misionero que
hizo más de un centenar de viajes fuera de Italia a los cinco continentes para
"confirmar a los hermanos en la fe" y llevarles a casa la sede de
Pedro (Donde está Pedro, o su sucesor, está la Iglesia). Pero el 264ø obispo de
Roma, fue también un férreo tradicionalista doctrinario que mantuvo
firme con las riendas de la centralización a la Iglesia y aplicó el puño de
hierro disciplinario a todos los que pensó que se apartaban de la
ortodoxia.
Sus críticos dicen que un epitafio
apócrifo dirá: "Viajó mucho, gobernó poco y no cambió nada", pero
sería injusto no darle a su reinado la dimensión de un pontificado histórico,
que la posteridad recordará por los viajes apostólicos incansables, sus
continuos baños de multitud que lo convirtieron en el Papa de las masas del
siglo XX, pero también porque fue decisiva su acción contra el comunismo que
imperaba en Polonia y en el resto del Este europeo y que bajo su impulso se
derrumbó estrepitosamente cuando concluía la década de los años 80.
La actividad doctrinaria y
disciplinaria de su pontificado fue enorme. Nueve Constituciones Apostólicas,
14 encíclicas, 13 Exhortaciones Apostólicas, 9 documentos jubilares, 58 cartas
y cartas apostólicas.
Además, en los 23 años que
permaneció junto al Papa como guardián de la "buena doctrina", el
cardenal alemán Josef Ratzinger, el teólogo de hierro del Vaticano, aprobó
decenas de documentos que caracterizaron el cuarto de siglo del pontificado.
Con la aprobación del Papa, naturalmente, se recuerdan los documentos contra
la unión legal de los homosexuales; el "Dominus Jesús" que
enfatiza la unicidad y universalidad de Cristo en la misión salvífica de la
Iglesia, que reitera el primado del catolicismo, y que fuera muy mal recibido
en 2000 por las otras confesiones cristianas; la condena definitiva de las mujeres
para ser sacerdotes; las "Consideraciones acerca de la Teología de la
Liberación", de 1984, que dictaron la sentencia de muerte para aquel
movimiento eclesiástico latinoamericano.
El cardenal Ratzinger condenó
también con el apoyo del Papa muchas herejías y desviaciones doctrinarias, lo
que ayudó a consolidar la centralización triunfal de Roma sobre la
periferia.
Karol Wojtyla ha sido un hombre
extraordinario, con un sentido del deber en forma heroica, muy a la polaca, una
gran disciplina personal y un físico de atleta privilegiado gracias al cual
pudo sobrevivir a tantas pruebas y operaciones, desde el atentado que casi le
hizo perder la vida el 13 de mayo de 1981.
Los argentinos no deben olvidar que
el primer gran problema con el que chocó el joven Papa de 58 años, que estaba
aún instalándose en el Palacio Apostólico vaticano, fue la inminente guerra que
estaba por estallar entre Argentina y Chile. La dictadura militar de
nuestro país había decidido cruzar la cordillera y atacar al país hermano,
regido por el dictador Augusto Pinochet, después que un arbitraje internacional
que la misma Argentina había promovido (en épocas de otro gobierno militar, el
del general Lanusse), le había concedido a Chile tres islas en disputa al sur
del canal de Beagle.
Gracias a la intervención de Juan
Pablo II y de su delegado, el cardenal Antonio Samoré, la guerra pudo ser
evitada en medio de peripecias enormes y se inició así el camino para que los
dos países resolvieran pacíficamente todas sus disputas fronterizas.
De los viajes del Papa, vale la
pena recordar algunos. En enero de 1979 viajó a México para participar de la
Conferencia de Puebla de los obispos latinoamericanos. En junio fue la primera
de sus nueve visitas a su querida Polonia, su gira apostólica probablemente
más importante de todo el pontificado. Millones de polacos lo aclamaron como
padre de la nación. Pocos meses después nació el sindicato libre
"Solidaridad" y el proceso de liberación del este europeo que
permitió liquidar a las dictaduras comunistas casi sin derramamiento de sangre.
México y Polonia, aquellos dos
viajes, marcaron a fuego las características del pontificado de Wojtyla.
El catolicismo popular mexicano y la reivindicación nacional de libertad de los
polacos tuvieron una gran importancia para el Papa.
Por otro lado, la lucha contra el
comunismo hizo también que el Papa adoptara una posición dura contra los
movimientos tercermundistas, especialmente en América Latina. Como el
silencioso Paulo VI, tampoco Juan Pablo II denunció concretamente a las
dictaduras militares "cristianas" con la misma indignación con que
justamente denunciaba los males del comunismo.
Esto no le impidió visitar la Cuba
de Fidel Castro en enero de 1998, que fue la realización de uno de sus "viajes
imposibles". Pero hay otros dos que fueron definitivamente imposibles:
China y Rusia.
Si con los chinos existió un duro
forcejeo con las autoridades comunistas que imponen una Iglesia Patriótica
autocéfala, separada de la comunión con Roma, con la Rusia poscomunista de
Vladimir Putin es la Iglesia Ortodoxa de Alejo II la que se opuso a una visita
del Papa de los católicos. Unir en una sola Iglesia universal a las dos Europas
cristianas, la del este y la del oeste, fue una de las mayores aspiraciones de
Juan Pablo II, que se vieron frustradas por la acusación de proselitismo de
los ortodoxos, temerosos de que Roma terminara sometiéndolos.
El soplo del Espíritu Ecuménico que
prometió el Papa en los comienzos de su pontificado ha avanzado muy pero muy poco.
Con los anglicanos y los ortodoxos los problemas se mantienen y los
protestantes ven con recelo la continua reiteración del primado de la Iglesia
Católica y del Papa que Wojtyla y Ratzinger han hecho en varios momentos del
pontificado.
"Lolek" (Carlitos) era
hijo de un suboficial del ejército que recibió desde niño una rigurosa
educación católica y una formación patriótica que a los polacos de entonces
les regía el carácter: intransigencia, orgullo, idealismo. La patria de Chopin
había sido en los siglos mutilada, ocupada, vejada por los grandes vecinos. Y
siempre la identidad nacional se había identificado en la Iglesia, que nunca
traicionó los ideales de la nación.
"Totus tuus", dicen con
devoción los polacos a la Virgen Negra del santuario de Chestokowa. Y Karol
Wojtyla tuvo siempre una gran vocación mariana.
A los 20 años, Karol Wojtyla se
había trasladado hacía ya tiempo a Cracovia para estudiar en la Universidad. A
esa edad estaba ya completamente solo: a los seis años había perdido a Emilia,
su madre, y cuatro años después falleció de escarlatina su hermano mayor
Edmund, médico, que "Lolek" adoraba, mientras atendía a las víctimas
de una epidemia. Más tarde murió su padre, con quien rezaba varias veces por
día.
El joven Wojtyla era muy admirado
por las chicas y las leyendas le asignaron dos novias juveniles: Halina
y Danuta. Con ellas participaba en los conjuntos teatrales. Era un buen actor y
años más tarde demostró también ser un buen autor teatral y un interesante
poeta.
Karol tenía muchos amigos judíos,
con los que jugaba al fútbol. "Era un buen arquero", dijo su
amigo hebreo Jerzy Kluger, quien vive hoy en Roma.
Esta relación personal ayudó a que
el después papa Juan Pablo II cambiara la historia de las relaciones entre la
Iglesia Católica, por siglos contaminada de antisemitismo, con el pueblo de
Israel. En abril de 1986 "Lolek" fue el primer pontífice de la
historia que visitó una sinagoga desde las épocas de San Pedro (que se llamaba
Simón), y llamó a los judíos "nuestros hermanos mayores". Después
impulsó las relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede. Este gesto
histórico se completó en marzo de 2000 con el "viaje de los viajes"
de Juan Pablo II a Jerusalén.
Vino la guerra y Karol Wojtyla
trabajó como obrero en la Soda Solvay de Cracovia mientras asistía al seminario
clandestino. El 1° de noviembre de 1946 fue ordenado sacerdote y fue a estudiar
a Roma. El 4 de julio de 1958 fue consagrado obispo auxiliar de Cracovia. Tenía
38 años. Se destacó en su participación en el Concilio Vaticano II como joven
asesor y en los Sínodos que convocó Paulo VI, que lo creó cardenal.
El 16 de octubre de 1978, 111
cardenales lo eligieron en la Capilla Sixtina como el primer Papa no italiano
en 455 años.
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EL VATICANO Y SU PODER POLITICO
Un moderno cruzado en lucha contra los
regímenes comunistas
Fue su objetivo político durante los
años 80. Con un viaje a Varsovia en 1979 aceleró la debacle del gobierno
polaco. Tras la caída del Muro, criticó al "capitalismo salvaje" y se
opuso a la guerra en Irak.

CON WALESA. SU VIAJE A POLONIA, EN 1979, ABRIO EL
CAMINO PARA EL NACIMIENTO DEL SINDICATO SOLIDARIDAD.
Julio Algañaraz.
jalganaraz@clarin.com
Juan Pablo II fue en
un sentido el Papa más moderno y, en otro, uno de los más
conservadores. Con esta dualidad de acción, proyectó su figura y su mensaje
espiritual a escala planetaria y convirtió al Vaticano en un verdadero centro
de poder terrenal, acorde con la era de profundo cambio histórico que signó al
mundo en su papado.
Desde Roma combatió
al comunismo y lo vio caer. Y vislumbró la llegada de una nueva era con
la desaparición del mundo bipolar y la inminencia del Tercer Milenio del
cristianismo.
Predicó la fe y
condenó infinitamente la injusticia y la pobreza en largos viajes en los
que, como un auténtico misionero de fines de siglo, no desechó un uso intensivo
de sofisticados medios de comunicación, incluida la Internet. Pero su mensaje
fue siempre severo: no se movió ni un milímetro en el tema del divorcio,
dijo no al sacerdocio femenino y no aceptó derogar el celibato de los
sacerdotes.
Karol Wojtyla,
fascinado desde joven con los grandes místicos españoles como San Juan de la
Cruz (objeto de su tesis doctoral), fue un pontífice mesiánico que
sostenía la necesidad de un "incesante espíritu misionero" de la
Iglesia. "El signo de la contradicción" fue una de sus mejores obras
intelectuales y la contradicción es la clave para interpretar su papado.
El Papa era un
profundo europeo que logró su objetivo de "hacer respirar a Europa con sus
dos pulmones", ayudando a liberar del comunismo a Polonia, y al este
del continente. Esta fue una lucha que lo empeñó a fondo durante los años
80.
Casi no hubo hecho de
importancia en la vida política internacional sobre el cual no haya fijado
posición y, en ocasiones, intervenido directa o indirectamente. Pero su
peso político le deparó en ocasiones amargos momentos: el atentado del turco
Alí Mehmet Agca confirmó al Papa el signo apocalíptico de la época.
No obstante, el Papa
sintió siempre la necesidad de continuar con su estilo heroico, muy polaco, de
arriesgarse hasta el sacrificio, porque sostenía que Pedro y sus sucesores son los
que primero deben dar el ejemplo del martirologio de la fe.
La epopeya
anticomunista comenzó quizá como programa en el mismo cónclave que lo eligió,
en octubre de 1978, y tuvo su primera manifestación en el viaje a Polonia en
junio de 1979. Aquellos fueron 10 días que tuvieron en vilo al mundo.
Un año después nació
en Gdansk el sindicato libre Solidaridad, liderado por el electricista Lech
Walesa. La acción política principal del Papa de ahí en más fue el trabajo
denodado para liquidar al comunismo europeo.
Wojtyla estaba
convencido, mucho antes de ser elegido Papa, de la fragilidad sustancial del
sistema soviético y el de sus países satélites. A fin de 1989, con el derrumbe
del Muro de Berlín, llegó su hora más gloriosa. Después vinieron las sorpresas
y amarguras de la era poscomunista.
Los años del
poscomunismo han creado en el Este grandes injusticias sociales que
visiblemente lo desilusionaron. El Papa se lanzó contra el "nuevo
ídolo", el capitalismo salvaje y la ideología de la globalización de los
mercados, en defensa de los valores cristianos de solidaridad y de la
dimensión social de la doctrina católica, que Juan Pablo II explicó en tres
distintas encíclicas durante su pontificado.
Polonia, que debía
ser el ejemplo concreto de la alternativa al comunismo y al capitalismo
salvaje, terminó votando mayoritariamente a los poscomunistas. Para
colmo, en setiembre de 1996 fue reimplantado el aborto. "Se ve que no
hemos sufrido bastante", dijo el Papa.
Contra lo que Juan
Pablo II esperaba, la Europa que debía respirar a dos pulmones, finalmente
libre, albergaba otros muros más profundos. El angustioso empeño del Papa en
favor de la unidad con las otras religiones cristianas pasaba, en primer lugar,
por el proceso de rápido acercamiento a los ortodoxos, separados de Roma
desde 1054.
Recelo de los
ortodoxos
Los viajes de Juan
Pablo II por el Este y el entusiasmo católico en las regiones eslavas liberadas
del comunismo despertaron un creciente recelo en los patriarcados ortodoxos,
sobre todo en el más importante: el de Moscú.
Alexis II, el gran
patriarca, rechazó las invitaciones para un encuentro histórico. El Jubileo
Extraordinario del año 2000, que debía culminar con un abrazo ecuménico entre
los cristianos en Jerusalén, se convirtió en un sueño imposible. Sin embargo,
el Papa fue un firme defensor de un diálogo entre palestinos y judíos en
Oriente Medio y se convirtió, tras la invasión de EE.UU. en Irak, en uno de los
más fervientes opositores a la guerra en el Golfo.
Fueron muchas las
intuiciones del primer Papa eslavo de la historia, que buscó reconciliar a
Oriente con Occidente y al Norte rico, egoísta y cada vez más indiferente al
llamado religioso, con el sur del mundo, pobre y tan ansioso de valores como de
bienestar. Karol Wojtyla sabía que en el Tercer Milenio el centro de gravedad
de la Iglesia se moverá hacia el sur y el este del planeta.
La mayor parte de los
católicos se encuentra en las naciones pobres del sur. La mitad, en el
continente americano.
Las giras apostólicas
de Juan Pablo II sirvieron, en el plano interno de la Iglesia, para enfatizar
sobre la disciplina y, según los adversarios, para orientar en sentido
conservador la doctrina del Concilio Vaticano II.
Papa pastoral más que
teológico, de hechos, de gestos y de imagen —ha sido el líder mundial con más
presencia en los medios de comunicación—, Juan Pablo II tuvo siempre la
convicción de que la acción de "misionero del mundo" exigía
disciplina interna en la Iglesia e ideas claras para no confundir a la gente.
En materia moral, el
Papa ratificó las ideas tradicionales sobre divorcio, aborto,
anticonceptivos y sacerdocio femenino. Su guardián de la ortodoxia, el cardenal
Josef Ratzinger, prefecto del ex Santo Oficio, emitió un documento en el que,
por única vez en el pontificado wojtyliano, se aclaró que en esta materia el
Papa había pontificado en forma "infalible". Esta ratificación
tajante abrió un abismo con los anglicanos, que aceptaron el sacerdocio
ejercido por mujeres.
El torniquete
disciplinario se abatió en los católicos tercermundistas de América latina. La
Teología de la Liberación, al menos "en algunos de sus aspectos", fue
condenada por filomarxismo en 1984 desde la Santa Sede.
Karol Wojtyla dejó un
mundo con mil millones de bautizados en el inicio de un nuevo milenio
cargado de dudas y acechanzas. No logró todo lo que se propuso. Pero jugó con
pasión hasta el final —y en una dimensión hasta ahora desconocida— un papel
para nada fácil: el de jefe espiritual y político de la Iglesia y del Estado
Vaticano.
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El histórico viaje a la
Cuba de Fidel
"Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra
a Cuba", fue la frase más célebre que definió la visita de Juan Pablo
II a la isla caribeña de Fidel Castro, considerado uno de los "viajes
imposibles" de su pontificado.
La gira
apostólica de cinco días del Papa (del 21 al 25 de enero de 1998) fue
lógicamente calificada de histórica y Karol Wojtyla, al hacer el balance
del periplo cubano dijo claramente que éste le había recordado su visita a
Polonia en 1979, un acontecimiento al que muchos le atribuyen el comienzo de la
caída del imperio soviético.
La visita
tuvo un extraordinario éxito de masas. En Santa Clara, donde se encuentra el
monumento con los restos del Che Guevara, se agolparon en la misa 150 mil
fieles, que fueron 350 mil en Santiago de Cuba y casi 600 mil en la celebración
final en La Habana.
El Papa
condenó al marxismo y criticó el neoliberalismo capitalista. También reiteró su
rechazo al embargo de 35 años al que EE.UU. ha sometido a Cuba. Cuando un
periodista estadounidense le preguntó que debía hacer Washington con Cuba,
respondió: "Cambiar".
Como se
esperaba, la gira papal no sirvió para "ablandar" al régimen
comunista, pero si estableció un diálogo difícil entre Castro y la Iglesia que
prosigue hasta hoy.

Hitos de un pastor
Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en la
ciudad de Wadowice, en el sur de Polonia.
La cultura y
el espíritu polacos influyeron su pontificado. A los 22 años, en plena guerra,
ingresó en un seminario clandestino. Cuatro años más tarde, una vez ordenado
sacerdote, partió hacia Roma.
A los 38
años fue promovido a arzobispo y, tres años después, a cardenal.
El 16 de
octubre de 1978 fue elegido como el Papa número 264. Fue el primer Sumo
Pontífice eslavo en la historia de la Iglesia. Y el primero de origen no
italiano en 455 años.

Es elegido Papa el 16 de Octubre de 1978.
Vida y pasión del primer Papa eslavo
· Contra el comunismo. El objetivo
político primordial de su papado fue combatir al comunismo, un sistema que
criticó duramente por sus abusos y persecución a la religión.
· El atentado. El 13 de mayo de
1981, el terrorista turco de extrema derecha Alí Mehmet Agca hirió de gravedad
a Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. El ataque minó gravemente su salud
para el resto del pontificado.
· El viajero. Durante sus 26
años de papado peregrinó por los 5 continentes.
· El cónclave. Dentro de 15 o 20
días se reunirá en la Capilla Sixtina el cónclave de cardenales para elegir al
nuevo Papa. Debe ser aprobado por 2/3 de los purpurados.
· La Santa Sede. Infografía sobre
el Vaticano, la casa del Papa.
· Juventud. Los jóvenes
siempre fueron una fuente de energía para el Papa.
· Con la Argentina. La relación de
Juan Pablo II con la Argentina conoció todos los altibajos posibles. Criticó a
la Junta encabezada por Videla por violar los derechos humanos; con Alfonsín se
enfrentó por la aprobación de la ley de divorcio, pero elogió el fin del conflicto
por el Beagle, y con Menem tuvo roces por el ajuste económico.
· Beagle y Malvinas. Su primera visita
a la Argentina, en 1982, estuvo enmarcada por la guerra con Gran Bretaña.
"Hagan con sus manos una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la
guerra", imploró en Palermo.
· Mediación. No había cumplido
un año como papa cuando la amenaza de guerra entre Argentina y Chile lo llevó a
realizar una de las mediaciones más exitosas en la historia de la Iglesia.
· Defensa de la vida. Desaparecido el
comunismo en Europa, se lanzó contra el capitalismo salvaje, en defensa de los
valores cristianos de la solidaridad y justicia social. Su encíclica Centesimus annus, de 1991, establece la posición de
la Iglesia frente a la nueva realidad política. Además hizo eje de sus prédicas
la "defensa de la vida", contra el aborto y la anticoncepción.
· Con los judíos. Fue el Papa que
más hizo por la reconciliación entre el pueblo católico y el judío y el
primero, desde la época de San Pedro, que entró en una sinagoga. En abril de
1986, en el gran templo judío de Roma llamó a los judíos "nuestros
hermanos mayores".
· Vigilia final. El mundo entero
oró por Juan Pablo II.

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DOS DISPAROS QUE CONMOCIONARON AL MUNDO
El atentado de Alí Agca

A las 17.19 del miércoles 13 de mayo
de 1981, en la plaza San Pedro del Vaticano, el terrorista turco de extrema
derecha Alí Mehmet Agca alzó el brazo armado por encima de la cabeza y sin
hacer demasiada puntería, pero a sólo tres metros de distancia, disparó contra
Juan Pablo II.
Con el hábito blanco manchado de
sangre, Karol Wojtyla cayó lentamente dentro del jeep donde estaba parado y que
le servía para dar una larga vuelta por la plaza durante la audiencia general
de los miércoles.
Agca alcanzó a disparar dos veces
antes de enfundar la pistola y huir a la carrera. No fue muy lejos: una monja
valiente se le tiró encima y un policía lo inmovilizó ayudado por otros fieles.
El Papa fue cargado en una
ambulancia. En el trayecto de quince minutos hasta el policlínico Gemelli, el
secretario papal, monseñor Stanislao Dziwisz, tomó la confesión a Juan Pablo II
y juntos rezaron todo el tiempo en polaco. "Me di cuenta de que iba a
salvarme", contó años después Juan Pablo II a un periodista.
El cirujano Francesco Crucitti
encontró una situación difícil. El Papa había perdido mucha sangre, "casi
tres litros", y fue sometido de inmediato a una masiva transfusión. En la
operación que le realizaron le extirparon más de un metro de intestinos.
El atentado fue de inmediato
atribuido a una conspiración. Hasta ahora la Justicia italiana mantiene abierta
una causa "contra desconocidos" porque las sospechas más lógicas
descartan que Agca haya obrado como un criminal solitario.
Transcurridos unos años después del
atentado, el Papa visitó a Agca en su celda y no dudó en perdonarlo. Desde el
2000, Agca cumple su cadena perpetua en una cárcel turca.
El cuadro internacional, por otra
parte, hizo pensar en que los mandantes del atentado estaban en el Este y que
la punta de la conspiración se encontraba en Moscú; probablemente en la célebre
sede de la KGB.
Pero las confesiones de Alí Agca,
que fue condenado rápidamente a cadena perpetua, orientaron las investigaciones
hacia la llamada "pista búlgara". Fueron involucrados varios
diplomáticos de la Embajada de Bulgaria en Roma, pero todos ellos resultaron
absueltos. También fueron absueltos tres dirigentes de la organización
ultraderechista islámica de los "Lobos grises", a la que pertenecía
Alí Agca.
La pista búlgara era coherente
porque el DS, los servicios secretos del gobierno comunista de Sofía, se
encargaba por cuenta de la KGB de hacer trabajos sucios en los que no querían
comprometerse los rusos en persona. Con su anticomunismo, el Papa era visto
como una amenaza.
Extrañamente, dos horas después del
atentado, partió hacia Sofía desde la Embajada búlgara en Roma un camión para
el que —única vez en el año— se había pedido el permiso de tránsito
diplomático. Una hipótesis es que ese camión debía servir para facilitar la
huida de Agca. Lo cierto es que los mandantes del atentado siguen en la sombra.
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LOS VIAJES DEL PAPA
Recorrió un millón de kilómetros durante
más de un cuarto de siglo

Sus giras por los 5 continentes fueron
la característica más espectacular de su pontificado. Viajó más que todos sus
predecesores juntos. Y congregó multitudes como ninguna otra personalidad
mundial.
Julio Algañaraz.
jalganaraz@clarin.com
El Papa llevaba recorridos un total de
1.246.000 kilómetros, algo suficiente como para ir y venir a la Luna varias
veces. Un cálculo más preciso indica que el Pontífice dio 30 veces la vuelta el
mundo, en 104 viajes apostólicos fuera de Italia desde que en 1978 fuera
consagrado como vicario de Cristo.
Las peregrinaciones de Juan Pablo
II por 133 países de los cinco continentes "para evangelizar a los pueblos
del mundo", como él decía, han sido la característica más espectacular de
su paso como jefe de la Iglesia católica.
El Papa misionero —como lo
bautizó una parte de la prensa europea— se había convencido de que peregrinar
por la Tierra era una prioridad esencial de su programa. Esa característica de
su gobierno al frente de la Santa Sede ya quedó en evidencia al visitar México
en enero de 1979, en su primera gira apostólica.
El entusiasmo de los mexicanos, la
exhibición de una fe popular y un afecto multitudinario que aumentó en los
otros cuatro viajes que realizó a México, fue un hito de gran importancia
personal para Wojtyla.
En 1979, Juan Pablo II realizó otro
viaje que marcó su pontificado: la primera visita de un pontífice a Polonia.
Del 2 al 10 de junio, Wojtyla recorrió varias ciudades y culminó la gira en
Cracovia, la ciudad de la que había sido cardenal arzobispo hasta su elección
como Papa. Sus discursos fueron un mensaje de esperanza y de rebelión
que pocos meses después alentaron la creación, en los fríos astilleros de
Gdansk, del sindicato Solidaridad.
Aquella visita del Papa a Polonia marcó
el principio del fin del comunismo, que en Europa comenzó a derrumbarse en
1989 a partir de Polonia, y el fin del muro de Berlín.
El viajero Juan Pablo II afrontó
todo tipo de situaciones en sus viajes. En Fátima, Portugal, en mayo de 1982,
mientras se acercaba a la imagen de la virgen para agradecerle que lo había
salvado del atentado de un año atrás sus custodios lo salvaron de la
agresión, con una bayoneta, de un cura español tradicionalista y con la
mente desquiciada.
No hubo otros atentados durante los
viajes, pero sí algunos intentos abortados, como el que ocurrió en Sarajevo el
12 de abril de 1997. Este era uno de los "viajes imposibles"
que finalmente realizó, con gran coraje, Juan Pablo II. Una carga de explosivos
había sido colocada bajo un puente por donde debía pasar el Papa, pero la
policía la descubrió unas horas antes de su llegada.
Es muy difícil hacer una evaluación
de las dificultades que afrontó el Papa polaco: el calor abrumador en los
países tropicales, que lo llevaron casi al desvanecimiento. En 1991, en el
Matto Grosso brasileño, el calor infernal y la humedad muy alta fueron la
prueba física más dura, pero Juan Pablo II ofició igual la misa en Cuibá.
De los "viajes
imposibles" hay que recordar también la visita apostólica a Beirut el 10 y
11 de mayo de 1997. Como en el caso de Sarajevo, el Papa tuvo que suspender la
visita dos veces a esas naciones con mayoría musulmana que habían sufrido una
terrible guerra civil.
Durante este último cuarto de siglo
pletórico de viajes, Juan Pablo II ha congregado multitudes como ninguna otra
personalidad mundial. "¿Cuál fue la más grande concentración?". Todos
están de acuerdo que los cinco millones de personas que se reunieron en la misa
de celebración de la XII Jornada Mundial de la Juventud en Manila, capital de
Filipinas, en enero de 1995, fueron "la mayor multitud jamás vista",
según el diario vaticano L''Osservatore Romano.
Otra peregrinación que tuvo en vilo
a la opinión pública fue la que hizo a la Cuba de Fidel Castro entre el 21 y el
25 de enero de 1998.
En los últimos años, ningún viaje
causó tantas expectativas mundiales como la visita del Papa a la mítica
Jerusalén, que realizó contra viento y marea en marzo de 2000. Lo llamaron
"el viaje de los viajes" por la máxima importancia religiosa de esta
gira apostólica a Tierra Santa.
Sus últimos grandes viajes fueron a
Eslovaquia, en setiembre de 2003, y a Lourdes, en Francia, en agosto de 2004.
En ambos casos, tuvo dramáticos problemas de salud.
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UNA INTERACCION PERMANENTE CON LOS
MOVIMIENTOS CATOLICOS
El lazo con la juventud, una clave
El Papa Juan Pablo II puso especial
énfasis en el diálogo con los sectores juveniles del catolicismo. Depositó en
ellos su esperanza para que el nuevo milenio encontrara al cristianismo
fortalecido.

CIUDAD DEL VATICANO. AFP
La comprensión y la complicidad que
sentía con los jóvenes que lo seguían fueron una de las marcas sobresalientes
del pontificado de Juan Pablo II, que estuvo dominado por un impulso de los
movimientos católicos, que vivieron un verdadero renacimiento y ocuparon un
lugar privilegiado en la Iglesia Católica en los últimas casi tres décadas.
El Papa demostró, siempre, una notable
disponibilidad hacia los jóvenes católicos. Acostumbraba encontrarlos en las
multitudinarias, y numerosas, manifestaciones organizadas durante sus viajes
pastorales por todo el mundo. Con ellos también llegó a bromear y cantar.
Gracias a esa corriente de afinidades
que estableció con la juventud, el Sumo Pontífice lograba hablar de sus ideas y
principios, su posición contraria al aborto, la anticoncepción y la homosexualidad,
inclusive después de jornadas maratónicas, como sucedió en ocasión de sus
visitas a Sevilla (España) y a Ciudad de México.
Los jóvenes le cantaban serenatas
bajo su ventana y él les dedicaba tiempo para escuchar sus problemas, sus
angustias e interrogantes sobre la sociedad actual y la relación entre ellos y
la iglesia.
Al inicio de su pontificado, en su
residencia veraniega de Castelgandolfo, en las afueras de Roma, solía
invitar a grupos de juveniles a pasar la velada frente a la chimenea, con
los que cantaba cánticos polacos y recordaba historias de montañeros o de su
época de deportista.
Un hito de ese diálogo permanente fue
durante 1984, en ocasión del Jubileo, cuando el Papa organizó la Jornada
Mundial de la Juventud, lo que le permitió afianzar el diálogo constante
que mantuvo con miles de jóvenes de todo el mundo.
Las jornadas de Buenos Aires, Santiago
de Compostela, Czestochowa (Polonia), Denver (Estados Unidos), Manila
(Filipinas), París y Roma, representaron para Juan Pablo II, como él mismo
decía, "una exhortación para permanecer joven" y despertaron el
entusiasmo en sus participantes, que llegaron a algunas de esas capitales a
pie, en bicicleta e inclusive a caballo.
El máximo jefe de la Iglesia católica
jamás escondió, al contrario, que contaba con los jóvenes para que lo
acompañaran al umbral del tercer milenio del cristianismo, y para que
afrontaran los desafíos por venir: "Ustedes son la esperanza de la
iglesia y del mundo. Ustedes son mi esperanza", declaró al inicio de
su pontificado, al anunciar su misión como pastor de la Iglesia.
"Les toca a ustedes —les
manifestó— la misión de defender valores tales como la libertad
religiosa, el respeto de la persona, la protección del derecho a la vida, la
promoción de la familia, la valorización de las diversidades culturales en
favor del enriquecimiento mutuo, la salvaguardia del equilibrio ecológico
amenazado", insistió en su viaje a Czestochowa.
"Ustedes deberán tener claro que
el futuro de la paz, y por lo tanto el futuro de la humanidad, dependen de sus
decisiones", repitió el pontífice al inaugurar el tercer milenio.
EL PORTAVOZ MAS FAMOSO DE LA HISTORIA
DEL VATICANO
Navarro Valls: el periodista que fue la
sombra del Papa
ROMA. LA REPUBBLICA

No creo que a alguien le importe saber
qué siento dentro de mí ahora". Así respondió esta semana una pregunta
periodística el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, quien estuvo a la
sombra de Juan Pablo II por más de dos décadas.
Español, hoy de 68 años, un día de
1984 recibió un llamado telefónico esperado. El Papa había decidido confiarle
la comunicación externa de la Santa Sede.
Venía de una larga trayectoria
periodística: titular de la Asociación de Diarios Extranjeros en Italia,
fundador de la revista Diagonal, de Barcelona, y corresponsal de ABC
de España. También fue premiado varias veces.
"Nunca le pregunté al Papa por
qué me eligió, ni él me lo ha dicho, pero siempre se lo he agradecido",
recuerda este hombre que tiene montones de historias con el Santo Padre. Una,
evocó hace poco, era su entrevista con el ex líder soviético Mijail Gorbachov.
"Hablaron una hora y media y anunciaron que la URSS aprobaba una ley sobre
libertad de conciencia, y Gorbachov invitó a Juan Pablo II a visitar Moscú".
Navarro Valls acompañó al Papa en
todos sus viajes. Incluido aquel tan simbólico a Jerusalén, cuando el Sumo
Pontífice colocó improvisadamente un papel en el Muro de los Lamentos,
que inmediatamente fue llevado como recuerdo al Museo del Holocausto. Y hasta
se le adelantó tres meses a su viaje a La Habana, para revisar con el
líder cubano Fidel Castro "cualquier detalle o cuestión" a convenir
con el Papa antes de su viaje a la isla.
Miembro del Opus Dei y también
médico, Navarro fue con
Juan Pablo II el rostro más visible del Vaticano, aunque su poder fue escaso y
cumplió órdenes directas del cardenal
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DESDE VIDELA HASTA KIRCHNER
Luces y sombras en su relación con los
presidentes de Argentina
Criticó a Videla por violar los
derechos humanos. Chocó con Alfonsín por el divorcio, pero lo elogió por el
Beagle. Tuvo roces por el ajuste con Menem, pero lo condecoró. Con Kirchner el
vínculo era distante.
María Luisa Mac Kay.
mlmackay@clarin.com
La relación del papado de Juan Pablo
II con la Argentina conoció todos los altibajos posibles. Debió
atravesar el cuasi naufragio de una mediación vaticana por el diferendo con
Chile por el canal de Beagle, superar una visita papal en medio de la Guerra de
las Malvinas y sacudirse con la aprobación de la ley de divorcio o las críticas
del Papa a los rigores del plan económico del menemismo, la corrupción y la
impunidad.
El primer funcionario argentino que
obtuvo una audiencia con Karol Wojtyla recién convertido en Papa, en octubre de
1978, fue Oscar Montes, canciller de la dictadura militar de Jorge Rafael
Videla. En la entrevista con Montes, el Papa le envió a la Argentina "los
mejores deseos de paz" y le dijo al funcionario que tanto para él como
para su antecesor había tres puntos de capital importancia: "La
justicia social, la paz y los derechos humanos".
En diciembre, la Santa Sede nombraba
al cardenal Antonio Samoré como mediador entre Argentina y Chile por el Beagle.
En noviembre de 1978, Juan Pablo II
fue más a fondo en el tema de los derechos humanos y dijo que en el Vaticano "aparece
a menudo el drama de las personas desaparecidas", en particular en la
Argentina y Chile.
Pero no fue sino hasta julio de 1980
cuando, en un viaje al Brasil, el Papa se reunió por primera vez con un grupo
de madres, viudas y hermanas de desaparecidos. Las Madres de Plaza de Mayo
fueron presentadas al Papa por el arzobispo Vicente Scherer.
En octubre de 1981 L''Osservatore
Romano, órgano de la prensa vaticana, lanzó una dura crítica al comunicado
de la Junta militar que daba por muertos a los desaparecidos y por cerrada la
cuestión. "No existe ya, pues, margen oficial para un ulterior esfuerzo en
orden a indagar la verdad", denunciaba L''Osservatore en un amplio
artículo que fue leído como una condena directa del Papa a la dictadura
militar.
Luego llegaron la democracia a la
Argentina y las mieles del acuerdo definitivo sobre la cuestión del Beagle,
impulsado en gran medida por el radicalismo, y los roces con el mismo gobierno
por la ley de divorcio.
En medio de ambas cuestiones se
realizó la segunda visita del Pontífice a la Argentina.
En una demostración callejera en
contra de la ley de divorcio, aprobada en junio de 1987, marchaba a la cabeza
el entonces gobernador riojano, Carlos Saúl Menem. Pero cuando llegó a ocupar
la presidencia, Menem debió aprender, sin embargo, a digerir los reclamos
que hizo el Papa por su propio ajuste neoliberal.
Juan Pablo II comenzó a referirse a la
falta de equidad en el ajuste y el entonces Presidente reaccionó diciendo que,
quizás, "al Papa Juan Pablo II no lo informan bien sobre la
Argentina".
Para recomponer la delicada situación
viajó al Vaticano con una carta especial de Menem el entonces secretario de la
Función Pública, Gustavo Beliz. Las gestiones dieron sus frutos y seis meses
después, el 8 de octubre de 1992, Menem y el Papa se encontraron en el
Vaticano. "Esta reunión no es un bálsamo, ni hace falta, porque no hay
heridas", dijo Menem, categórico.
Pese a estos chisporroteos verbales,
poco comunes en las relaciones bilaterales con el Vaticano, el 16 de diciembre
de 1993 el Papa condecoró a Menem con el Gran Collar de la Orden Piana.
Y es que para entonces, y pese al
rigor de la crisis económica, el presidente argentino ya se había convertido en
un aliado del Vaticano en la condena del aborto. Fue sostenida como estandarte
por Argentina en la Cumbre de la Mujer en Pekín en 1995.
Con la llegada de Fernando de la Rúa a
la presidencia, la relación de la Casa Rosada con el Vaticano dejó de tener
la intensidad de los tiempos de Menem. Y procuró imprimir sobriedad a su
relación con el Vaticano. Pero la prolongación de la crisis económica provocó
que, en su primera visita, en abril de 2001, Juan Pablo II insistiera con lo
mismo que pidió a Menem: medidas a favor de la equidad social.
También Eduardo Duhalde mostró
sintonía con el pensamiento social del Papa. En 1999, durante la campaña
presidencial que lo enfrentaba a Menem, lo visitó en el Vaticano y subrayó su
doctrina de la deuda externa.
Néstor Kirchner es el primer
mandatario democrático que no llegó a reunirse con el Papa. Las relaciones
fueron más bien distantes. Un episodio que tensó el vínculo fue cuando Kirchner
postuló para la Corte a la jurista Carmen Argibay, quien se declaró a favor de
la despenalización del aborto. Otro, más reciente, cuando le retiró el aval
como obispo castrense a monseñor Antonio Baseotto. Con todo, la cancillería
venía tramitando una audiencia de Kirchner con Juan Pablo II. La fecha se venía
demorando.
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GESTIONES DE PAZ
Una intervención decisiva por el canal de
Beagle y las Malvinas
El Papa envió al cardenal Antonio
Samoré a mediar en el conflicto con los chilenos y viajó a la Argentina durante
la guerra con los ingleses. Ante dos millones de personas ofició una misa por
la paz.
Alejandra Pataro.
apataro@clarin.com
El papa Juan Pablo II dejó sus huellas
en dos momentos críticos de la historia reciente de la Argentina.
El conflicto con Chile por el canal de
Beagle lo llamó como mediador, en enero de 1979. Tres años más tarde, el
oscuro capítulo de la Guerra de las Malvinas reclamó su presencia, ya no
como mediador, sino como portador de un mensaje de paz.
Mientras en el archipiélago austral se
sucedían los combates, Juan Pablo II llegó a Buenos Aires pocos minutos antes
de las 9 de la mañana del 11 de junio de 1982.
A diferencia de otros viajes, su fugaz
visita de 31 horas sólo demandó dos semanas de organización. Existieron
presiones para que así fuera. Una visita a Gran Bretaña de "estricto
carácter apostólico", prevista para el 28 de mayo de ese año, y una
posterior audiencia con el principal aliado británico en la guerra, el entonces
presidente estadounidense Ronald Reagan, en Roma, prometían teñir de
parcialidad la imagen del Papa ante la opinión pública argentina.
Para evitar esa posibilidad y dejar bien
en claro su papel neutral en el conflicto bélico, Juan Pablo II anunció
inesperadamente, a pocos días de viajar a Gran Bretaña, que también iba a
visitar la Argentina, un país que por primera vez en el siglo se encontraba
inmerso en la pesadilla de la guerra.
El anuncio de la visita papal
desató reacciones diversas entre los argentinos. Mientras las adhesiones de
distintos sectores se hacían públicas en los medios de comunicación, en los
despachos oficiales circulaban volantes anónimos en los que se acusaba al
Pontífice de haber "entregado el Beagle y de querer entregar las Malvinas
al enemigo".
Las organizaciones defensoras de los
derechos humanos, en tanto, se apresuraron a solicitar una audiencia con el
Papa polaco. Pero la Nunciatura y el Episcopado local excluyeron esa
posibilidad "en razón de la brevedad de la visita".
El Vaticano dejó en claro desde un
principio que la estadía del Papa encerraba sólo "el deseo de orar con el
pueblo argentino por la paz y cese del conflicto bélico en el Atlántico
Sur". Pero si bien la visita fue reiteradamente calificada como
"eminentemente pastoral", al jefe de la Iglesia Católica le
resultaría difícil no incursionar en las preocupaciones domésticas de un pueblo
que le exigiría sin duda alguna referencia concreta.
Misa en Luján
En el primer día de visita, cerca de
700.000 personas inundaron Luján bajo una lluvia intensa hasta desbordar el
amplio espacio abierto ubicado frente a la Basílica de la Virgen, para ver y
escuchar al Pontífice.
Al día siguiente lo esperaba la
concentración más numerosa de la historia del país. Dos millones de
personas enfervorizadas, en su mayoría jóvenes menores de 30 años, rodearon el
altar erigido en el Monumento de los Españoles, en Palermo, desde donde Juan
Pablo II ofreció, cerca del mediodía, una misa que se extendió durante dos
horas y media. La jornada fue apoteósica.
Los tres comandantes en jefe, Leopoldo
Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo y las máximas autoridades del
gobierno de facto también se hicieron presentes durante la misa.
En Luján llegó a pronunciar la palabra
"paz" en 14 ocasiones. Ocurre que procurar la paz fue el eje de su
misión. El Papa polaco vino a la Argentina a rezar y a enhebrar un enérgico
alegato contra la guerra, a la que calificó de "un absurdo y siempre
injusto fenómeno". Obviamente, no tuvo la intención de mediación política
ni de ensayar una negociación. Tampoco tenía previsto incursionar en la
problemática interna argentina.
Pero, quizá reconociendo que no podía
sobrevolar a tanta altura esas preocupaciones, Juan Pablo II hizo finalmente
una breve referencia. Y en la Catedral metropolitana habló "de las tensiones
y heridas que han dejado sus huellas, agravadas por recientes
acontecimientos, en la sociedad argentina" e hizo una exhortación para
superarlas "lo antes posible".
Fue en Palermo donde el Papa puso fin
a su fugaz visita al país. Con "una palabra especial a los jóvenes",
a quienes instó a fortalecer la paz, se despidió de los argentinos.
Pero su último mensaje lo dio en el
aeropuerto de Ezeiza, pocos minutos antes de partir rumbo al Vaticano. Fue
cuando, bajo la atención de todos, instó a las partes para que encontraran
"una solución honorable" a las circunstancias bélicas en el Atlántico
Sur, que ya se adivinaban adversas para las tropas argentinas.
Ese mismo día regresó a Roma. Volvería
a Buenos Aires el 9 de abril de 1987, durante el gobierno del presidente Raúl
Alfonsín. Pero para ese entonces ya no había olor a pólvora en el aire.
Antecedentes
Entre 1978 y 1984, el Vaticano puso en
marcha su maquinaria diplomática en el marco de dos conflictos: la disputa por
el Beagle y la Guerra de las Malvinas.
· En diciembre de 1978 el cardenal
Antonio Samoré llegó a Bs. As. en medio de la máxima tensión entre Chile y
Argentina por el Beagle.
· En enero de 1979 Santiago y Buenos
Aires pidieron formalmente la mediación papal.
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